Los terremotos nuestros de cada día

Como si mi palabra lo invocara empiezo a escribir este título y tiembla. Hago una pausa.

Yo no estuve el día del terremoto en Chile. Lo viví en la distancia. Como ya lo he dicho en otros foros, no me sentí cómodo de estar lejos, de la misma forma que los familiares no se sienten bien estando lejos de las desgracias de sus familias, ni los directivos cuando están distantes del derrumbe de sus empresas. Sin embargo, aún no habiendo vivido los momentos que fueron tan dramáticos, tengo una sensación de sobreviviente, como la que debe tener aquel que se entera que cayó una bomba allí donde estuvo parado una hora antes.

Desde esa calidad no puedo dejar de percibir el terremoto como una lección, como una advertencia, como una metáfora, como un fenómeno contundente que nos quiere mostrar algo.

La semana pasada en el Consejo del Ser de la Municipalidad de Peñalolén convocado por su alcalde Claudio Orrego nos hicimos muchas preguntas en este sentido, preguntas que me atrevo a considerar útiles para cualquier organización, aunque sean incómodas de plantear:

- ¿Qué fallas de nuestros "subsuelo" no estamos viendo?
- ¿Qué placas tectónicas se mueven en silencio?
- ¿Qué no nos debería suceder nunca y por lo tanto deberíamos evitar?
- ¿Sabemos a lo que somos vulnerables?
- ¿Qué tenemos que reconstruir?

En este punto Patricia Mey planteó una cuestión mayor. Se refirió a que hablamos de reconstruir, cuando el terremoto nos ha mostrado que hay cosas que no queremos que vuelvan a ser igual y nos ofreció la pregunta:

- ¿Qué debemos destruir?

La acojo si dudar. Hablamos de reconstruir que significa volver a construir lo que se derrumbó y es el momento de aprovechar para no volver a levantar lo que ya no nos gusta, lo que ha demostrado su invalidez. Muchas cosas hay que construirlas con cimientos nuevos.

El terremoto nos ha mostrado nuestra vulnerabilidad, la inconsistencia de vivir como si fuéramos a conservar lo que tenemos. De un día para otro muchas cosas dejaron de ser prioritarias. Toda una lección de gestión del cambio.

Aún, en mi actividad de consultor, tengo que escuchar un cierto sentido peyorativo al hablar de prepararse para el cambio o de tener habilidades para el cambio y, de pronto, vemos que todo es cambio, que estamos rodeados de terremotos, ante los que tenemos la tozudez de considerar que no nos afectan a nosotros.

Hemos aprendido muchas cosas en estos días, que aún no terminan, por ejemplo, cómo ante situaciones extremas aparece lo mejor y lo peor, la capacidad de heroísmos y vilezas, la aparición del egoísmo extremo y la generosidad ilimitada.

Nos damos cuenta al vivir lo que hemos vivido de la importancia de una sociedad con valores, de la necesidad de culturas más solidarias. Hemos presenciado cómo se puede cambiar el estado de ánimo de una nación en pocas horas. Primero para hundirlo en una tristeza oscura, luego para levantarlo hasta la esperanza.

¿Qué lo logro? En el primer caso una acción devastadora y no prevista que necesitó pocos minutos. En el segundo, no fue necesario levantar las casas y solucionar los problemas, bastaron actitudes, la confianza de una Comunidad unida y disponible para colaborar en un propósito grandioso.

Eso es lo que muchas veces necesitan todas las organizaciones en las que trabajamos. La Teletón nos mostró una fórmula que funcionó:

Comunidad de Esperanza y Logro = Liderazgo + Generosidad + una Causa + Símbolos comunes + Organización.

Reconozco que sin ser mi bandera llegué hasta la emoción al ver el poder de un símbolo de pertenencia que une, me sorprendió la fuerza de las causas al ver a esos jóvenes que acusamos de poco involucrados atrayendo a la gente en las esquinas para ir a depositar sus ayudas, me admiró la capacidad de anteponer la alianza por algo noble sobre las diferencias, la fuerza de la vida sobre el desánimo y el pesimismo por muchas razones que haya para ello.

Por eso me quedé con la impresión de que muchas veces los terremotos pueden ser una oportunidad de sacar el potencial transformador de los seres humanos y no dejo de pensar que ser feliz tiene que ver con saber vivir el terremoto nuestro de cada día, estar dispuestos a mirar de frente lo vulnerable que tenemos, trabajar con calidad y exigencia, sin concesiones a la chapuza y dar espacio para que afloren las virtudes que viven en cada uno de nosotros al lado de las sombras.

¿Cómo sacar lo mejor de mí y lo mejor de ti que estás a mi lado? A veces no me lo pregunto, pero hoy SI.

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