viernes, febrero 15, 2019

¿Cuáles son las perspectivas del coaching directivo en el futuro?


En el sitio La nota latina.com aparece la segunda entrevista que me realizó Ángel Armas en la Convención de Coaching Ejecutivo del mundo CEGO celebrada en Lima. Transcribo a continuación su contenido.
Al reflexionar sobre cuáles son los nuevos escenarios que se prevén en el futuro, Juan Vera, socio y gerente de proyectos en Gestacción Consultores, plantea que “vamos a un mundo en el que lo que considerábamos espacio de lo predecible, lo previsible, está abierto a avances y velocidades que pueden significar en un momento determinado una disrupción del propio marco interpretativo en el que estamos”, dijo el experto en el marco de la IV Convención Internacional de Coaching Ejecutivo de Mundo CEGO, celebrada el pasado noviembre en Lima, Perú.
Vera moderó el panel de CEOs “Nuevos escenarios y desafíos de las organizaciones y líderes del siglo XXI”, diseñado para articular un espacio de conversaciones que generen valor, a partir de explorar los nuevos escenarios en los que se mueven las organizaciones, entender las dinámicas del cambio que estamos viviendo y los desafíos de este siglo. Para este espacio, fueron invitados: Rossina Caballero, Ex Gerente de Gestión Humana de La Positiva Compañía de Seguros; Manuel Infante, Director de Farmacia Universal; Jorge Bermúdez, Vicepresidente y Gerente General de Minería y Minerales para las Américas de Jacobs, y Alejandro Marín Giraldo, Gerente General de Laboratorio Médico Echavarría.

Escenarios mutables

Vera manifiesta que “puede haber muchas cosas positivas no previstas hoy a partir de la irrupción de la tecnología aplicada para el bien. Está claro que esa irrupción provocará que aparezcan escenarios en los que las personas realizarán trabajos y tareas completamente distintas a las que hacen hoy, en los que el concepto de lo territorial y sus fronteras, que todavía existe, será cada vez más insostenible”. Juan se imagina “escenarios que son mutables, que están integrados, que son multifronterizos, de múltiples aristas, con múltiples superficies de contacto; en los que lo imprevisto no puede ser concebido como un error del sistema, sino como parte de una evolución que está en su propio devenir”.
En cuanto a las dinámicas que rigen el cambio y qué cualidades se requieren para su comprensión, expresa “la principal característica asociada a estos cambios es la aceleración, que ocurre de manera permanente e inusitada lo que trae la ruptura de la validez atemporal de las interpretaciones, una permanencia que hasta ahora había sustentado la manera en que hacíamos empresas y organizaciones”. En este sentido, advierte que como consecuencia, “se requiere una resignificación del liderazgo”.

Aprender habilidades para liderar en un mundo líquido

¿Cuáles son los nuevos escenarios y desafíos de organizaciones y líderes del siglo XXI?Esta resignificación del liderazgo implica para él: “acompañantes con propósito, con la voluntad de generar espacios de sentido, que den la confianza para que las personas se movilicen, aún cuando no tengan respuestas ciertas”. Según él, “otro requerimiento de este futuro que emerge es la inclusión. Aparecen múltiples actores que no se pueden “despreciar”, son legítimos, tienen una visión positiva del futuro, aunque sea diferente a la nuestra y tendrán impacto en la aparición de nuevas prácticas”. Añade como otra competencia “el manejo de la multiculturalidad e interculturalidad, trabajar en espacios con personas de diversas procedencias, orígenes, religiones, orientación sexual, preferencias en ámbitos muy concretos, lo que implica la necesidad de generar espacios que lo permitan”. Puntualiza que “es un hecho que van a coexistir generaciones muy distintas y diversas; la población se enfrenta a una prolongación de su vida útil, no tendrá sentido pensar en una sociedad laboral que se retira a los 60-65 años. 
Por otra parte, aparecerán generaciones de nativos digitales altamente tecnologizadas, impensadas hoy, con una mirada cultural muy distinta a la que tenemos”. Por ello, declara que “escuchar sensible y empáticamente, y de una forma más abierta, será crucial”.
Juan señala que entre los principales desafíos humanos y organizacionales en este siglo está el de “no anclarse, dejar de lado las certezas considerando que hasta ahora sirvieron en un escenario determinado y que como decía Blas Pascal, sólo revelan el cansancio de nuestro pensamiento”. Desde su perspectiva “valorar y validar que entramos en escenarios muy diferentes, implica abrirse a una forma de pensar distinta, que también requerirá un nivel de conciencia superior”. Comenta que “esto es difícil porque implica que las personas que dirigen e influyen en las organizaciones y en las dinámicas sociales deben estar abiertos a la reinvención y eso significa auto-considerarse en proceso de aprendizaje, por muy importante que sea su posición”. Advierte que “en general el ser humano por su naturaleza y su instinto de supervivencia se resiste al cambio, en cuanto que abre una puerta a lo desconocido y, sin embargo, lo que viene por delante es un proceso en el que el cambio será permanente”.
Juan nos sumerge en un concepto novedoso desde el que se nos reta a movilizarnos de forma distinta
“el mundo contemporáneo, siguiendo la metáfora del filósofo polaco Zygmunt Bauman, se ha vuelto un mundo líquido, la velocidad de los cambios impiden la solidificación, la impermanencia de saberes y conceptos, la volatilidad de las relaciones, el desplazamiento de las interacciones humanas por las tecnológicas, la inviabilidad de certezas, vuelve a requerir reflexionar sobre el sentido de la vida, sobre el sentido del trabajo, de las instituciones, sobre el propio sentido de lo humano porque las fórmulas aprendidas son insuficientes”.


La legitimación del otro como pilar de nuevas conversaciones organizacionales


Al responder la inquietud sobre qué conversaciones requieren darse en este mundo fluido, plantea “aquellas en las que se establecen las bases, de acuerdo a la interpretación clásica, para generar conversaciones para posibles conversaciones, es decir aquellas que más que la coordinación o la búsqueda de posibilidades, aseguran la legitimidad de los actores”. Continúa complementando “esto que desde la ontología del lenguaje, se plantea como la necesidad de que para que las conversaciones generen realidad deben haber procesos de legitimación profunda, de cómo aceptar a ese otro distinto, con ideas que nos pueden parecer subversivas, contrarias y a las que tendríamos que abrirnos, observándolas simplemente como distintas, valorando su derecho a ser”.
Alerta que “de lo contrario, llegaremos a un proceso de dominación de unas ideas sobre otras, a un proceso de exclusión”. Piensa, sin embargo, que este escenario “afortunadamente está en riesgo a futuro, dado que para ello sería necesario una ceguera absoluta que permita que crezca la desigualdad en el manejo de la información, que se licúen también los valores y nos aboquemos a entrar en un mundo de ciencia ficción”. Esto lo dice ya que tiene “confianza en que las personas nos vamos a dar cuenta de esto, y que por tanto llegaremos a trabajar en una legitimación profunda, que permita hablar para comprendernos y no para vencernos. Ya la inteligencia artificial resolverá los problemas de coordinación de todo lo previsible, confío en que escojamos el camino de la comprensión y la benevolencia”.
Se refiere a un profundo viraje sobre la importancia que tendrán las conversaciones en el mundo organizacional. Más conversaciones para ampliar la calidad de las relaciones que para coordinar acciones que estarán resueltas desde la tecnología.

El rol de los valores

Para Juan Vera, en ese mundo cada vez más tecnológico y digital, los valores juegan un rol medular: lo que pasa a ser central en los sistemas de educación de los países para la formación de sus nuevas
generaciones son los valores que aseguren la convivencia. Con base en ello se pregunta: “¿Cuáles son los valores que hay que defender y construir para que una sociedad siga siendo una buena sociedad, para que siga habiendo inclusión, para que siga habiendo encanto y esperanza en el futuro, para que siga habiendo sentido y creamos que tiene posibilidades?”.

Concluye planteándonos que “es un tema en el que debemos invertir tiempo; requiere que reflexionemos como estamos haciendo en esta Convención, para no encontrarnos con generaciones que conocen profundamente la tecnología, pero no han aprendido a relacionarse y convivir. Lo que estamos diciendo configura un conjunto de habilidades y valores que habrán de ser los auténticos drivers del futuro”.
Juan Vera es socio y gerente de proyectos en Gestacción Consultores S.A. y miembro del Directorio Global de Newfield Network. Le apasionan la literatura y el arte, viajar y las conversaciones para inventar mundos, palabras y posibilidades. Sus coordenadas son: www.juanvera.cl – jvera@gestaccion.com – Facebook: Juan Vera

martes, enero 01, 2019

A manera de abrazo...Nosotros


A manera de abrazo para todos mis amigos en este año 2019 que comienza con dos cifras regresivas 20 y 19. Ojalá regresemos a lo que más queramos, a lo más auténtico, a lo que nos hace únicos y diversos, a la ética del amor y al compromiso con nuestros anhelos. Y con ello el desencanto, esa emoción maldita, quede lejos.
“Nosotros tenemos la alegría de nuestras alegrías Y también tenemos La alegría de nuestros dolores Porque no nos interesa la vida indolora Que la civilización del consumo Vende en los supermercados Y estamos orgullosos Del precio de tanto dolor Que por tanto amor pagamos.
Nosotros Tenemos la alegría de nuestros errores, Tropezones que muestran la pasión De andar y el amor al camino, Tenemos la alegría de nuestras derrotas Porque la lucha Por la justicia y la belleza Valen la pena también cuando se pierde Y sobre todo tenemos La alegría de nuestras esperanzas En plena moda del desencanto, Cuando el desencanto se ha convertido En artículo de consumo masivo y universal. Nosotros Seguimos creyendo En los asombrosos poderes Del abrazo humano."
Eduardo Galeano.

lunes, diciembre 31, 2018

Lo invisible, lo insignificante




En el número 17 de la Revista Conversaciones de Coaching aparece el artículo que  reproduzco aquí:


“Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”, le dice el zorro al Principito. 

No vemos la honradez con los ojos, pero la sentimos, no vemos la forma del amor ni sus colores, pero lo experienciamos. No podemos hablar de eficiencia para hablar del amor, ni cuando en los mundos complejos nos enfrentamos a desafíos en los que debemos dedicar tiempo a pensar, a conversar, a descartar, a permitir que los fenómenos decanten sus procesos y dejen que la calidad emerja a su ritmo.

Lo que sí requerimos es conocer la naturaleza de la invisibilidad y de los requerimientos que hay detrás de una ineficiencia que nos puede mostrar finalmente
la grandeza. La filosofía y el arte pueden ser ineficientes, caminar despacio mirando los paisajes, las almenas de las murallas o el horizonte del océano Atlántico puede ser ineficiente, sin embargo el pensamiento se sublima en la filosofía, la belleza en el arte, el amor en un largo paseo en el que la presencia captura la velocidad de los pasos o la oportunidad de las palabras dichas.

Cuando hacemos acompañamiento en las organizaciones, en los conflictos sociales o en el desempeño de los roles, la práctica de cierta comprensión del coaching tiende a buscar la mejor forma de coordinar acciones, de hacer que las cosas ocurran. La intención es buena, pero supone que hay un entendimiento común de la acción, que existe un acuerdo sobre la decisión de llevarla a cabo, que tenemos la disposición para hacernos cargo. Demasiados supuestos que no siempre son reales. En esa brecha podemos poner las artes de nuestro oficio, es cierto.

Entender la acción no suele ser el problema, el alineamiento con su implementación es menos común, porque supone intenciones y aún más allá, una interpretación del sistema en el que esa acción se inserta; pero el problema de fondo en el coaching  o el acompañamiento de las conversaciones sociales es  el de la legitimación de quienes deben ponerse de acuerdo para que algo suceda, porque su aporte es necesario, porque su empuje y conducción son requeridos o porque su oposición debe ser disuelta o postergada.

Para lograrlo no podemos invocar a la eficiencia. La legitimidad o su ausencia son invisibles, necesitamos sentarnos alrededor de un fuego protector, mirarnos a los ojos, reconocer el aliento común de lo humano, permitir que la diferencia no nos lleve a considerar enemigo a quien es diferente. La eficiencia, entonces, no tiene que ver con dedicarle más o menos tiempo, sino con hacer aquello sin lo cual los resultados no se lograrán o se darán de forma inequitativa, desigual o con altos costos para la dignidad y la excelencia.

Pueden pasar horas, días, meses, para que la interlegitimación ocurra. Las conversaciones para posibles conversaciones, así las llama la escuela de coaching que se denomina ontológico, aunque nunca alcanzo a saber muy bien por qué; esas conversaciones, digo, son esenciales para que los grandes desencuentros reduzcan su distancia.

El Papa Francisco ha mostrado en su mandato (no creo que debamos seguir usando la palabra pontificado) una clara propensión a lo que llama la Cultura del encuentro, que en el fondo constituye su propuesta papal. “Hacia una cultura del encuentro” es el título de un libro publicado en el 2015 en Buenos Aires, cuyo editor es Mons. Víctor Manuel Fernández, Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina.  Y cito esto porque dia a día me aparece la idea de que los coaches tenemos el desafío de trabajar para esa cultura del encuentro, aunque algunos, como yo, veamos a las religiones como matrices ideológicas que dificultan el encuentro, como en general lo dificultan todas las ideologías y los fundamentalismos.

“Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adios y yo te regalaré un secreto (…) Lo que hace más importante a tu rosa es el tiempo que tú has perdido con ella” Eso le dice el zorro al Principito.

Todas las rosas tienen una belleza magnífica, la nuestra es aquella que cuidamos, encontrémonos con los otros jardineros de rosas para entender el profundo cuidado que hay en sus corazones, su desazón, su soledad, tal vez así más que discutir por la rosa más bella, nos encontraremos con nuestros anhelos similares.


Acompañar esos encuentros como invisibles hilos mediadores puede ser poco eficiente a los ojos de  algunos príncipes, pero a mis años quiero hacerlo, al cabo ya soy un zorro… viejo.

domingo, diciembre 30, 2018

Sobre el mundo líquido


Me pregunta Ángel Armas qué es para mi esto que ha venido en llamarse "Mundo líquido" y yo le respondo lo siguiente:

"En el coaching aprendemos a sospechar de nuestras conclusiones y nuestras certezas. Toda certeza nos viene del pasado y puede estar fosilizada. Aprendemos cuando nos cuestionamos y leemos las nuevas señales que disuelven antiguas creencias y seguridades. Entramos  en el flujo de lo líquido como una opción elegida y positiva. Y recalco que hablamos de las certezas aprendidas y no de los valores que, aunque tambien los elegimos, son núcleos de orientación de la acción.


Leyendo a Zygmunt Bauman, el llamado sociólogo de lo líquido, también esa liquidez es la consecuencia de la caida de las instituciones, de la debilitación de los vínculos y de un escenario incierto en el que debemos ser capaces de surfear para no ser devastados por las olas de la indiferencia y la relatividad
No digo que Bauman sea catastrofista sino que el escenario líquido es una consecuencia de un mundo contemporáneo en el que la velocidad de los cambios, la impermanencia y el desplazamiento de las relaciones humanas por las tecnológicas, vuelve a requerir de elecciones sobre el sentido de la vida, porque las fórmulas aprendidas son insuficientes.
Lo líquido pone el énfasis en los nadadores humanos, lo sólido en su propia consistencia para mantener una supuesta humanidad inalterable, pero que, sin embargo, ha llevado al mundo a límites inaceptables.

El presente, al igual que nuestro planeta, tiene más agua que tierra. Jugando con las palabras nos hacemos líquidos para que no nos liquiden, pero a la vez en esa disolución podemos perder lo esencial, si es que no ponemos nuestra atención en lo que definamos como valioso, en lo que, como humanos, debemos conservar para no perder nuestra esencia gregaria, espiritual y humanista."

domingo, septiembre 16, 2018

Pero nos puede arrasar

Me salió en la charla que estaba dando sobre el Futuro. Dije algo así: "El mundo del futuro no nos determinará, pero nos puede arrasar". Fue una de esas veces que escuchas tu propia voz, en las que hay unos largos segundos de silencio en los que la frase regresa para pasar de ser dicha a ser escuchada.

Ocurre con frecuencia y debería ocurrirnos más. Escuchar el significado boomerang que tiene lo que decimos, lo que expresa de nosotros, las ideas sumergidas que contiene.

Hay algunas preguntas que uso recurrentemente en los últimos tiempos: "¿Qué escuchas dentro de ti? ¿Qué te inquieta de lo que me cuentas? No respondas rápido, deja que se configuren los significados." Las ideas son especies vaporosas que hay que dejar que se posen para así percibir su silueta completa.

El mundo del Futuro puede arrasarnos si no tenemos la precaución de aceptar que, aunque el cambio haya sido una constante de la historia humana, la velocidad que hoy trae puede impedirnos entender sus mensajes. Es un problema de agilidad, de disposición, de estar dispuestos a abandonar los sillones, los rellanos de las escaleras, las certezas que nos sirvieron.

La certeza es una repuesta con fecha de vencimiento. Si nos aferramos a ella después de su caducidad puede indigestarnos. Lo que fue alimento puede ser veneno. Lo que nos salvó puede hundirnos. Lo que fue liana puede ser losa.

Esperar al Futuro significa permitir que su configuración nos sea ajena. Darle la espalda es suicida, no construirlo es colaborar a que nos deje fuera de sus páginas.

"Pero nos puede arrasar", al decirlo temí por todos a quienes quiero, temí que esta postura mía de estar inquieto por el Futuro resulte demasiado teórica, demasiado lejana; es decir temí por mi mismo y mi forma de vivir la acción.

lunes, agosto 13, 2018

Articular: Una habilidad del siglo 21


El número 16 de la revista virtual Conversaciones de Coaching me pública este artículo que recoge parte del contenido del Módulo que desarrollo en el ACP Avanzado de The Newfield Network: “Coaching para la articulación de un entorno complejo”.


Articular una habilidad del siglo 21

Vuelvo sobre este tema que cada vez  considero más interesante, en la medida en que voy dándome cuenta de que el coaching del futuro estará profundamente ligado al rol articulador. El principal objetivo de este artículo es plantear la importancia que ese entorno tiene en la generación de nuevas prácticas humanas, en la resignificación de valores y creencias y en las oportunidades que aparecen para el acompañamiento de los coaches en conversaciones de mayor complejidad. Entre ellas las relacionadas con la habilidad de articular y con las distinciones de gestión de entornos. Empecemos por acercarnos al escenario.

¿En qué mundo estamos viviendo?

Sin duda ésta es una pregunta que nos lleva a que aparezcan múltiples dimensiones como líneas de respuesta. Esa multiplicidad ya es una característica que, aunque parezca inicial, es profundamente definitoria.

A los efectos de esta lectura quiero citar algunos de los factores que, a mi juicio, lo describen, algunos de ellos pueden parecer contradictorios. Estamos ante un mundo complejo, interconectado, fragmentado, diverso, marcado por la inmediatez, por la crisis de representatividad y por la disrupción tecnológica.

Existen múltiples fronteras, múltiples actores, múltiples canales, múltiples datos y todo ello moviéndose a una velocidad que requiere de “carreteras” bien pavimentadas, en una forma metafórica de referirme a relaciones de calidad.


Cuando conversamos en el ámbito de las organizaciones pareciera que nos acercamos a algo que aún es futuro y, sin embargo,  está aquí, en nuestros smartphones, en las plataformas que ya usamos, en las redes sociales, en la forma en la que creamos conocimiento y opiniones y en el requerimiento de una colaboración a la que no sabemos responder desde los modelos en los que fuimos formados.

Por eso es frecuente que lo consideremos como todavía emergente, porque simplemente aún no ha llegado a nuestras costas personales esa ola que avanza imparable en el horizonte y, si hay signos de su llegada, preferimos considerar que son el efecto de causas conocidas, aún no diagnosticadas, algunas conspirativas, otras a causa de errores de diseño o falta de recursos.

Lo cierto es que la ola en la que ya estamos requerirá para vivir en ella de nuevas competencias y actitudes, pero sobre todo de una conciencia diferente que nos permita mirar lo que sucede desde un lugar interior nuevo. Así de alta y profunda se configura.

Deliberadamente no denomino el momento que vivimos, ya lo harán los historiadores. Aunque algunas de las causas sean tecnológicas no quiero llamarlo era digital, aunque algunas de las causas tengan que ver con los abusos del poder, no quiero rotularla como la era del fin del poder, ni del desencanto en las instituciones. 

Todos esos nombres serían buenos para títulos de libros; lo que vivimos es un presente multifactorial y acelerado, tal vez simplemente un mundo 21 (ni siquiera en números romanos).

¿Qué podemos hacer en este escenario los coaches?

Las conversaciones 3xi que están removiendo la realidad chilena son un ejemplo. Esas tres íes vienen de inspirar, incluir e innovar. Se trata de sentar en la misma mesa a pares improbables, es decir a aquellos que no suelen conversar, separados por barreras sociales, culturales, ideológicas, religiosas o de cualquier tipo y generar esas conversaciones que en la tipificación de la ontología del lenguaje se denominan “conversaciones para posibles conversaciones”.  Eso acaba de ocurrir en la Araucanía, en donde, después de decadas de incomprensión y violencia verbal y física, miembros de la comunidad mapuche, empresarios, organizaciones sociales, fuerzas del orden, jovenes profesionales y ciudadanos diversos han logrado el milagro de la legitimación del otro como el legítimo otro que es.

Cito a continuación lo que Hugo Alcaman, presidente de la Corporación de
profesionales mapuches, escribió en las redes sociales para definir la experiencia que había vivido en el último  fin  de semana de julio de este año: “Lo novedoso del encuentro es que los participantes, sin saberlo, fuimos sometidos a un proceso de coaching (relación profesional que permite a las personas alcanzar cambios y resultados satisfactorios en sus vidas profesionales y personales) que permitió por primera vez en la historia de la Región (1881-2018) que parte importante de sus líderes, dialoguen, conversen en forma horizontal, de buena fe y, sobre todo, desde el corazón, desde las emociones, sincerando lo que la razón controla.

Así por primera vez  observé respeto mutuo y empatía por el dolor de los otros (mapuche hacia chilenos y chilenos hacia mapuche). Por primera vez he visto que los chilenos no mapuche, en su mayoria aprendieron, tomaron conciencia del valor de los principios valóricos mapuche, la riqueza de nuestros conocimientos y, sobre todo, la herida abierta que tenemos ante más de un siglo de violencia física y mediática” (la letra negrita aparece en el escrito original de Alcaman).

Estoy realmente sobrecogido por las evidencias que vamos teniendo de los nuevos rumbos que conversaciones desde otro enfoque pueden lograr. Por eso repito lo que ya he escrito antes en estas páginas virtuales: creo que nuestra profesión puede tomar nuevos caminos, pasar del quiebre individual declarado, como punto de partida de un proceso de coaching a la inquietud por una ola que aunque nos parezca lejana podemos contextualizar y anticipar. Pasar de quiebres a inquietudes amplía las fronteras de nuestro aporte, si tenemos una escucha sensible del mundo que nos rodea. Por eso propongo abrir el propósito de nuestra conversación a que revisemos un espacio del coaching más colectivo, aunque pueda ser menos ortodoxo.



Otras miradas que nos sirven

En un artículo anterior sobre este tema  citaba al filósofo español José Ortega y Gasset cuando decía “Yo soy yo y mis circunstancias” estableciendo un concepto del Yo más allá de rasgos genéticos y de la propia intención. De alguna forma Ortega nos decía, que la realidad de nuestras existencias se configura en las conversaciones que mantenemos con el sistema del que formamos parte.

Otro filósofo también español Josep María Esquirol plantea la tensión creativa entre “las afueras”, ese mundo del que hablamos, que nos rodea desde propuestas y dinámicas que intervienen en nuestro existir y el “Yo/ nosotros” que vivencia la vida. Finalmente, las afueras son nuestras afueras, es decir donde vivimos y lo que constituye la experiencia de vivir. Su tesis parte de dos grandes preguntas ¿Cuál es la condición humana? y ¿Qué es la vida humana?

Es verdad que no es posible un contacto pleno con el mundo (las afueras) si no estamos en contacto pleno con nosotros y tenemos la experiencia de la autoconexión (estar en nuestro propio centro), pero no es menos cierto que si no estamos en contacto con esas afueras reales, si no nos aproximamos a su centro, será dificil llegar al nuestro o llegaremos a un centro desconectado de la vida. ¿Puedo estar en mi centro si estoy fuera del mundo, si sólo estoy Yo conmigo en el interior de mi silencio? ¿Cómo nos hacemos cargo de que somos seres sociales y que ello supone una “vida en sociedad” si no conocemos el contexto y las condiciones en las que esta vida ocurre? Una vez más esta circularidad de la que somos parte.

Conocer el contexto implica conectarnos. Nos conectamos en el intercambio, en la escucha y el habla, nos conectamos en el respeto y en aquellas conversaciones con el corazón abierto en las que la diferencia no impida el amor.

En una entrevista del mes de abril del 2018 en el periódico español “El País”, Esquirol cita al filósofo y poeta Friedrich Hölderlin (1770-1843) “quien piensa lo más profundo, ama lo más vivo” y tambien cita a la filósofa y teórica política Hannah Arendt (1906-1975) “el pensamiento es la quintaesencia desmaterializada del ser vivo” y propone romper con la tradicional separación entre pensamiento y vida. 
Finalmente vivimos en las afueras de nosotros, sin dejar de ser ese nosotros. Requerimos estar en unidad, aunque para entenderla debamos reconocer las partes del todo.

Nuestra propuesta, sin desconocer que somos nosotros y nuestras circunstancias, sugiere una comprensión experiencial de esas afueras más que pensar en ellas. Fotos, imágenes y vivencias más que definiciones y supuestos.

Démonos permiso para la esperanza

Vuelvo a Josep María Esquirol y su frase “El mal es muy profundo, pero la bondad todavía lo es más”, porque coincido que sin esa bondad el mundo ya no existiría. Muchos creemos que  en un entorno más complejo y difícil, las reservas de bondad serán más necesarias que las del petróleo o las distintas fuentes de energía. De hecho el confuso momento que vivimos está más relacionado con la pérdida de valores que con las pérdidas económicas.

La habilidad de articular puede ser un vehículo para que personas que quieren un
mundo mejor encuentren la síntesis entre esos dos infinitivos claves en la vida: Pensar y Amar.  Pensar un camino que por su complejidad necesita ser construido con otros y Amar un propósito que nos provea de coraje y de un resultado a la altura de la grandeza humana. Las conversaciones 3xi a las que antes me refería parecen ser un camino que nos anuncia que esto es posible


Si eso ocurre puede pasar, como planteaba Goethe, que en el momento en que los seres humanos se comprometen de verdad, la providencia también lo hace. Quiero por eso terminar este artículo preguntando yo a mis colegas ¿Qué podemos hacer en este contexto los coaches? Ustedes tienen la respuesta.