viernes, febrero 15, 2019

¿Cuáles son las perspectivas del coaching directivo en el futuro?


En el sitio La nota latina.com aparece la segunda entrevista que me realizó Ángel Armas en la Convención de Coaching Ejecutivo del mundo CEGO celebrada en Lima. Transcribo a continuación su contenido.
Al reflexionar sobre cuáles son los nuevos escenarios que se prevén en el futuro, Juan Vera, socio y gerente de proyectos en Gestacción Consultores, plantea que “vamos a un mundo en el que lo que considerábamos espacio de lo predecible, lo previsible, está abierto a avances y velocidades que pueden significar en un momento determinado una disrupción del propio marco interpretativo en el que estamos”, dijo el experto en el marco de la IV Convención Internacional de Coaching Ejecutivo de Mundo CEGO, celebrada el pasado noviembre en Lima, Perú.
Vera moderó el panel de CEOs “Nuevos escenarios y desafíos de las organizaciones y líderes del siglo XXI”, diseñado para articular un espacio de conversaciones que generen valor, a partir de explorar los nuevos escenarios en los que se mueven las organizaciones, entender las dinámicas del cambio que estamos viviendo y los desafíos de este siglo. Para este espacio, fueron invitados: Rossina Caballero, Ex Gerente de Gestión Humana de La Positiva Compañía de Seguros; Manuel Infante, Director de Farmacia Universal; Jorge Bermúdez, Vicepresidente y Gerente General de Minería y Minerales para las Américas de Jacobs, y Alejandro Marín Giraldo, Gerente General de Laboratorio Médico Echavarría.

Escenarios mutables

Vera manifiesta que “puede haber muchas cosas positivas no previstas hoy a partir de la irrupción de la tecnología aplicada para el bien. Está claro que esa irrupción provocará que aparezcan escenarios en los que las personas realizarán trabajos y tareas completamente distintas a las que hacen hoy, en los que el concepto de lo territorial y sus fronteras, que todavía existe, será cada vez más insostenible”. Juan se imagina “escenarios que son mutables, que están integrados, que son multifronterizos, de múltiples aristas, con múltiples superficies de contacto; en los que lo imprevisto no puede ser concebido como un error del sistema, sino como parte de una evolución que está en su propio devenir”.
En cuanto a las dinámicas que rigen el cambio y qué cualidades se requieren para su comprensión, expresa “la principal característica asociada a estos cambios es la aceleración, que ocurre de manera permanente e inusitada lo que trae la ruptura de la validez atemporal de las interpretaciones, una permanencia que hasta ahora había sustentado la manera en que hacíamos empresas y organizaciones”. En este sentido, advierte que como consecuencia, “se requiere una resignificación del liderazgo”.

Aprender habilidades para liderar en un mundo líquido

¿Cuáles son los nuevos escenarios y desafíos de organizaciones y líderes del siglo XXI?Esta resignificación del liderazgo implica para él: “acompañantes con propósito, con la voluntad de generar espacios de sentido, que den la confianza para que las personas se movilicen, aún cuando no tengan respuestas ciertas”. Según él, “otro requerimiento de este futuro que emerge es la inclusión. Aparecen múltiples actores que no se pueden “despreciar”, son legítimos, tienen una visión positiva del futuro, aunque sea diferente a la nuestra y tendrán impacto en la aparición de nuevas prácticas”. Añade como otra competencia “el manejo de la multiculturalidad e interculturalidad, trabajar en espacios con personas de diversas procedencias, orígenes, religiones, orientación sexual, preferencias en ámbitos muy concretos, lo que implica la necesidad de generar espacios que lo permitan”. Puntualiza que “es un hecho que van a coexistir generaciones muy distintas y diversas; la población se enfrenta a una prolongación de su vida útil, no tendrá sentido pensar en una sociedad laboral que se retira a los 60-65 años. 
Por otra parte, aparecerán generaciones de nativos digitales altamente tecnologizadas, impensadas hoy, con una mirada cultural muy distinta a la que tenemos”. Por ello, declara que “escuchar sensible y empáticamente, y de una forma más abierta, será crucial”.
Juan señala que entre los principales desafíos humanos y organizacionales en este siglo está el de “no anclarse, dejar de lado las certezas considerando que hasta ahora sirvieron en un escenario determinado y que como decía Blas Pascal, sólo revelan el cansancio de nuestro pensamiento”. Desde su perspectiva “valorar y validar que entramos en escenarios muy diferentes, implica abrirse a una forma de pensar distinta, que también requerirá un nivel de conciencia superior”. Comenta que “esto es difícil porque implica que las personas que dirigen e influyen en las organizaciones y en las dinámicas sociales deben estar abiertos a la reinvención y eso significa auto-considerarse en proceso de aprendizaje, por muy importante que sea su posición”. Advierte que “en general el ser humano por su naturaleza y su instinto de supervivencia se resiste al cambio, en cuanto que abre una puerta a lo desconocido y, sin embargo, lo que viene por delante es un proceso en el que el cambio será permanente”.
Juan nos sumerge en un concepto novedoso desde el que se nos reta a movilizarnos de forma distinta
“el mundo contemporáneo, siguiendo la metáfora del filósofo polaco Zygmunt Bauman, se ha vuelto un mundo líquido, la velocidad de los cambios impiden la solidificación, la impermanencia de saberes y conceptos, la volatilidad de las relaciones, el desplazamiento de las interacciones humanas por las tecnológicas, la inviabilidad de certezas, vuelve a requerir reflexionar sobre el sentido de la vida, sobre el sentido del trabajo, de las instituciones, sobre el propio sentido de lo humano porque las fórmulas aprendidas son insuficientes”.


La legitimación del otro como pilar de nuevas conversaciones organizacionales


Al responder la inquietud sobre qué conversaciones requieren darse en este mundo fluido, plantea “aquellas en las que se establecen las bases, de acuerdo a la interpretación clásica, para generar conversaciones para posibles conversaciones, es decir aquellas que más que la coordinación o la búsqueda de posibilidades, aseguran la legitimidad de los actores”. Continúa complementando “esto que desde la ontología del lenguaje, se plantea como la necesidad de que para que las conversaciones generen realidad deben haber procesos de legitimación profunda, de cómo aceptar a ese otro distinto, con ideas que nos pueden parecer subversivas, contrarias y a las que tendríamos que abrirnos, observándolas simplemente como distintas, valorando su derecho a ser”.
Alerta que “de lo contrario, llegaremos a un proceso de dominación de unas ideas sobre otras, a un proceso de exclusión”. Piensa, sin embargo, que este escenario “afortunadamente está en riesgo a futuro, dado que para ello sería necesario una ceguera absoluta que permita que crezca la desigualdad en el manejo de la información, que se licúen también los valores y nos aboquemos a entrar en un mundo de ciencia ficción”. Esto lo dice ya que tiene “confianza en que las personas nos vamos a dar cuenta de esto, y que por tanto llegaremos a trabajar en una legitimación profunda, que permita hablar para comprendernos y no para vencernos. Ya la inteligencia artificial resolverá los problemas de coordinación de todo lo previsible, confío en que escojamos el camino de la comprensión y la benevolencia”.
Se refiere a un profundo viraje sobre la importancia que tendrán las conversaciones en el mundo organizacional. Más conversaciones para ampliar la calidad de las relaciones que para coordinar acciones que estarán resueltas desde la tecnología.

El rol de los valores

Para Juan Vera, en ese mundo cada vez más tecnológico y digital, los valores juegan un rol medular: lo que pasa a ser central en los sistemas de educación de los países para la formación de sus nuevas
generaciones son los valores que aseguren la convivencia. Con base en ello se pregunta: “¿Cuáles son los valores que hay que defender y construir para que una sociedad siga siendo una buena sociedad, para que siga habiendo inclusión, para que siga habiendo encanto y esperanza en el futuro, para que siga habiendo sentido y creamos que tiene posibilidades?”.

Concluye planteándonos que “es un tema en el que debemos invertir tiempo; requiere que reflexionemos como estamos haciendo en esta Convención, para no encontrarnos con generaciones que conocen profundamente la tecnología, pero no han aprendido a relacionarse y convivir. Lo que estamos diciendo configura un conjunto de habilidades y valores que habrán de ser los auténticos drivers del futuro”.
Juan Vera es socio y gerente de proyectos en Gestacción Consultores S.A. y miembro del Directorio Global de Newfield Network. Le apasionan la literatura y el arte, viajar y las conversaciones para inventar mundos, palabras y posibilidades. Sus coordenadas son: www.juanvera.cl – jvera@gestaccion.com – Facebook: Juan Vera

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