lunes, junio 22, 2009

Sobre la flexibilidad


Hace un par de semanas terminé un Taller de "Gestión de Sí mismo" en medio de la naturaleza de una hacienda en Pedro González, un pueblo de la isla Margarita y el equipo que me acompañó consideró que había logrado mi Master en flexibilidad, al aceptar el devenir de cada momento como algo a integrar en el diseño, que volaran los papeles llevados por la brisa, que hubiera que atar el telón de proyección a un mango, que las gallinas formarán también grupos de trabajo, que la iguana se asomará desde las ramas de los árboles. Reconozco y declaro que la flexibilidad es un propósito en mi vida.

Hablamos de flexibilidad y se trasunta que es un concepto que podemos no interpretar igual ¿Qué es ser flexible? ¿Hasta dónde llega la flexibilidad? Parece que en los tiempos en los que vivimos en que aparecen y desaparecen posibilidades, en los que la velocidad de los cambios tantas veces nos supera, cultivar la flexibilidad es un arte.


Me vienen a la memoria los versos de Lao Tse en el Tao Te King:

Los hombres nacen suaves y flexibles.
En la muerte son rígidos y duros.

Las plantas nacen tiernas y dóciles.
En la muerte son secas y quebradizas.

Entonces, cualquiera que sea rígido e inflexible
es un discípulo de la muerte.

Cualquiera que sea suave, abierto y flexible
es un discípulo de la vida.

Creo en estas palabras y a la vez que creo tengo el temor de alguna ceguera a la que llamemos flexibilidad o de que tras la flexibilidad escondamos incapacidades para mantener límites que son cimientos de nuestro edificio. El límite de la flexibilidad es siempre un valor superior. La honestidad, la justicia o el respeto.


En el trabajo en las organizaciones suelo decir y decirme que podemos ser tan flexibles como nos permita la impecabilidad, es decir no puedo llevar mi flexibilidad a trasgredir algo que supone un concepto superior. Podemos preguntarnos entonces ¿Que significa ser impecable? y volveríamos a tener que replantearnos los estándares que queremos en un mundo cambiante. Entraríamos en la circularidad, pero una circularidad plena de contacto con lo que pasa fuera y los valores de un sistema que nos da sentido, una circularidad consciente.

Días después de la reflexión con el Equipo de Capital Humano con el que trabajé en Venezuela, ya en Chile y en una reunién en el Comité de un Banco, Osvaldo Schaerer dijo una frase que anoté de inmediato: "La arquitectura se materializa en un conjunto de restricciones y por ello se encuentra permanentemente desafiada".



Creamos arquitecturas que nos protegen, que ponen tabiques de seguridad, pero de inmediato aparecen necesidades o ideas para derribarlas, queremos casas mas grandes, estancias que no imaginamos antes, ese desafío tiene sentido, es la dinámica del cambio y el progreso, la sabiduría es distinguir entre tabiques y muros maestros, entre murallas y pilares.

Esa distinción hay que tenerla presente en la conversación de coaching directivo.

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