viernes, julio 13, 2012

El drama de la auto exigencia, el gozo de la abundancia


Parece que hablamos de lo mismo y sin embargo es muy distinto. De nuevo las distinciones... En mis últimas conversaciones directivas se ha dado la coincidencia (o qué se yo lo que se ha dado) de que aparezca un tema recurrente, un tema que bajo la apariencia de una cuestión de carácter responsable produce dolor interno. 

Me refiero a los directivos exigentes e incomprendidos, aquellos que se enfrentan a la conspiración de las circunstancias en contra de la excelencia. Veámoslo de otra forma, veámoslo como propone Jim Collins La excelencia no es producto de las circunstancias. La excelencia es una decisión consciente. Es decir Collins sugiere que algo debemos distinguir y por ello su apelación a la consciencia.

¿Nos ayudará  esa consciencia a entender las razones de la dificultad que con frecuencia encontramos? ¿Están estas dificultades fuera de nosotros, están adentro? ¿Invocamos a la dificultad desde la manera en que estamos siendo? ¿Atraeremos la posibilidad desde otra forma de mirar? “Es que yo soy muy autoexigente, por eso exijo” Esta es una frase que he escuchado repetidamente en estos años de coach y he aprendido que detrás de ella hay mucho sufrimiento, hay castigo y frustración.

Ser auto exigente podría parecer que nos pone en un camino de perfección y que justifica el sacrificio y la opción de fustigar a otros para que también ellos consigan esa perfección que los seres humanos hemos venido a lograr en la vida.

“Yo soy auto exigente por eso no me puedo permitir el descanso, ni la celebración, hasta que no obtenga los resultados que me propongo. Tengo una vara muy alta ¿Puede ser malo buscar la excelencia?”

Es en ese momento que producimos la trampa en el lenguaje. La excelencia y la perfección son términos diferentes. Exigir pone el foco en lo que falta, por eso nos causa sufrimiento. La excelencia pone la luz en lo que abunda y nos produce satisfacción. No requerimos el resultado perfecto, ni postergar la celebración a ese momento inalcanzable de lo perfecto.


La perfección es un resultado utópico, la excelencia es un proceso intencional de avanzar en hacer las cosas mejor, se convierte en una filosofía que pone su canto en la abundancia, vivida como una construcción.

Ahora bien, detrás de la distinción, se alberga o un drama o el alegre flujo de vivir y crecer. Eso es lo más importante desde el punto de vista de servir a los otros ¿Cómo mostrar que dejar que el juicio de “ser insuficiente”, “hacer insuficiente” o “tener insuficiente” more en nosotros es el principal drama interior de los seres humanos? ¿Cómo mostrar que cuando tratamos de vencerlo desde la auto exigencia estamos bordeando el mismo abismo.

En mis talleres suelo poner una lámina que recoge lo que Thomas Alba Edison respondió a un periodista que quería saber cómo había logrado tener la perseverancia para continuar su investigación después de haber tenido casi mil intentos en su búsqueda para descubrir la ampolleta.  “¿Cómo pudo superar tantos fracasos?” le preguntó el periodista  y Edison respondió: “No son fracasos, hemos aprendido más de mil maneras de cómo no se debe hacer una ampolleta”. Y yo escucho en su respuesta: si hubiera vivido el proceso como un fracaso no habría podido mantener mi ánimo, habría sucumbido al desaliento. 

Por eso detrás de la exigencia hay tanta frustración y tantas personas que abandonan y terminan amargamente desesperanzados o lamentándose “Yo  sería feliz si no me importaran las cosas, pero como soy tan auto exigente…”.

Otra frase que vuelve a transgredir el lenguaje asimilando no ser exigente a ser alguien despreocupado o irresponsable, cuando la primera responsabilidad es lograr que el mundo sea más feliz y vivible

Mis amigas Silvia Guarneri y Miriam Ortiz de Zárate en su libro “No es lo mismo”, aportan un enfoque convergente  al plantear en uno de sus capítulos En el camino de la excelencia los errores son parte natural de la acción y pueden ser vistos como una oportunidad (…) En el camino de la exigencia, sin embargo, el error es visto como un enorme fracaso. Algo muy difícil de aceptar y de digerir

Una vez más nos encontramos dos conversaciones que recorren la historia de las personas y nos llevan a tener vidas diferentes: La escasez que nos lleva a pelear y competir versus la mirada de lo abundante que nos  impulsa a compartir y celebrar con alegría.

Dos formas de entender la vida, dos posibilidades diferentes, ante las que podemos elegir.



 

 

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