domingo, noviembre 23, 2014

Redes sociales: Oportunidad o/y Riesgo


Hace unas semanas Ximena Oñate, Gerente General de Coasin Business Solutions, me pidió un artículo sobre este tema para su revista corporativa, de esas que aún se editan en papel, aunque Coasin sea una reconocida empresa del mundo tecnológico, o quizás por eso.Y así, con su papel de buen gramaje, me acaba de llegar con mi artículo que reproduzco aquí..
    


"La palabra Red, hoy suele suscitarnos la idea de pertenencia, de formar parte de algo, de posibilidad para lograr un propósito. En nuestro hablar común también nos referimos a “saltar con red” como tener la salvaguarda de que nuestro salto no va a acabar en una tragedia.

Son acepciones positivas que se contraponen con la Red que puede atraparnos, como si fuésemos víctimas de una araña poderosa que nos deja inermes y vulnerables. La red que sirve para pescar también puede ser que nos pesque a nosotros. No cabe duda, por tanto, que hablar de las Redes Sociales y reflexionar sobre ellas es un tema central en el mundo de hoy.

En esta columna sólo pretendo abrir esta preocupación, con la misma posición (que me recordaban hace muy poco mis primeros socios) que planteaba hace 40 años, cuando empecé en España a dar conferencias de Informática y decía, parafraseando a Papenheim, que la tecnología es neutra, las que no lo son, son nuestras intenciones.

Le he preguntado a mi hija qué piensa de las Redes Sociales, para qué las ve útiles y su respuesta ha sido que producen una importante sensación de unión, de formar parte de una comunidad ilimitada, de acompañarte  en la soledad.

Hablando un rato más hemos llegado a la conclusión que esa idea de estar conectado también nos puede desconectar de lo más cercano, que ese “millón de amigos”, puede ser la fantasía de una falsa compañía. ¿Entonces? Simplemente no todo lo que brilla es oro. Yo soy usuario de las Redes Sociales y podría hablar a favor y en contra.

Cuando pienso a favor, coincido con mi hija que las Redes Sociales dan una respuesta a la profunda necesidad humana de ser comunidad y de ser vistos para existir, exacerbada por una forma de vivir en competencia,  que permiten una velocidad de difusión inimaginable y una cobertura ilimitada, que pueden generar una percepción de fuerza desconocida que de hecho tiene desconcertados a los políticos del planeta y que podrían permitir a través de esa capacidad de la interconexión llegar a generar posibilidades creativas que la complejidad del mundo actual demanda. En definitiva, aparecen posibilidades de valor en un mundo diverso y poco previsible.

Cuando pienso desde la prevención y dejando a un lado usos como el cyberbulling, el phising o los malware, me preocupa la forma en que pueden hacer vulnerables la privacidad y la identidad de las personas, su efecto multiplicador conducido por el vértigo de influir sin que exista la responsabilidad suficiente para esa capacidad de influencia. Me preocupa que llevados por la posibilidad de crear rápidamente estados emocionales a favor o en contra de algo hagamos ingobernable a la sociedad y que la apariencia de acuerdo desde una información asimétrica y muchas veces superficial, sustituya al debate de las ideas.

Si, como dice el experto en Redes Sociales James Fowler, “para saber
quiénes somos tenemos que comprender con quienes estamos conectados”, en sustitución del viejo refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”, entonces, y por la importancia que las Redes Sociales tienen y la que tendrán en las generaciones que están creciendo con ellas, se hace necesario una educación social para las redes, que se pregunte más allá del impacto relacional y creativo por la dimensión ética. Si fuese Savater escribiría “Ética para las Redes Sociales”. No siéndolo, me conformo con esta discreta sirena de aviso para navegantes.

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