martes, enero 16, 2018

Triángulos para el coaching político


Me escribe Jorge Lies, coach y alumno del Programa de Coaching en la Política y el Poder celebrado el pasado año en Buenos Aires, las siguientes reflexiones: “ Me siguen dando vueltas en la cabeza, algunas cosas de las muchas compartidas en tu Curso. Fundamentalmente el tema de la ética y los valores.
Como es público y notorio, acá en Argentina se están produciendo fenómenos al menos inesperados en el ámbito de la política. Pongo por caso el reclamo de las comunidades aborígenes, y también el uso de la violencia como herramienta de reclamo y posicionamiento.”

Comparto con Jorge la sensación de sorpresa ante lo inesperado; no quiero decir con ello que por sentirlo así nosotros, lo que sucede pueda ser considerado inconsistente o extraño. Lo inesperado en este caso tiene más que ver con nuestra lentitud de lectura del mundo , con el impacto de una velocidad nunca vivida, de tecnologías que inducen formas de vivir no experimentadas y con etapas de maduración de una sociedad que se revela inmadura. 

Radicalizarse ante la injusticia es comprendible, que esa injusticia siga presente, que el diálogo no sea la forma del entendimiento humano, lo es mucho menos. En este sentido estamos viviendo una etapa de abandono de la Política como el mejor camino para la convivencia. Las formas de dominación prevalecen sobre las instancias para el acuerdo. Por eso me parece de interés profundizar la propuesta que plantea Jorge en su mail.

Los triángulos éticos  de Echeverría me parecen geniales y los uso permanentemente para tener un desde dónde pararme ante los acontecimientos de la vida.
De todas maneras, permíteme el atrevimiento de agregar un tercer triángulo, como referencia al momento de concretar un acompañamiento o de analizar un hecho de la política”. 

Y Jorge incluye el siguiente cuadro, al que he denominado: “triángulo para la convivencia democrática”, pero que como él mismo propone puede servir para establecer un camino de preguntas para identificar algunas de las bases que nos permitan aceptar o no el proceso de acompañamiento de coaching que se nos abre.


·      ¿Está dispuesto el posible coachee a respetar las carta magna de la democracia y sus vías para avanzar o modificar la convivencia que ésta prevé?
·      ¿Está dispuesto a aceptar los canales y proporcionalidades de representación existentes o en su caso tratar de moficarlas siguiendo la Constitución vigente?

·      ¿Está dispuesto a renunciar al camino de la violencia en el espacio político?

Jorge añade: “Reitero que esto es como pensar en voz alta: ¿Qué me orienta para acompañar o no a un político? ¿Qué está más allá de la ideología? Los componentes de esta trilogía son obvios, pero considero oportuno traerlos a la conciencia, más allá de los discursos (todos parecidos y ninguno convocante)

Detrás de su propuesta hay efectivamente un planteamineto valórico con requerimientos que una sociedad que se considere defensora de lo humano debe sostener:
  •        La existencia de un conjunto de reglas que representen el consenso social de lo que significa vivir en comunidad
  •        El requerimiento de respeto y legitimación de los otros como legítimos otros
  •        El compromiso con la paz y el diálogo

Las distintas formas de uso del poder desde la unilateralidad no consensuada rompen lo político y deberían plantear al coach un dilema ético para no confundir el coaching político con el coaching para reforzar a quienes están dispuestos a usar el poder para su propio beneficio. Por eso tras su triángulo propongo otro, más cercano a lo que el coaching ontológico nos propone y a la vez recogiendo la propuesta de Jorge.


Finalmente las reglas se inspiran en valores y permiten comprometer acciones para llevarlos a la práctica y prácticas para convertirlos en acción. Agradezco a Jorge su inspiradora forma de desearme un nuevo año en esta profesión valiente.

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