miércoles, mayo 17, 2006


Coaching y Política

En mi último artículo de "El arte de dirigir" me refería al artículo que me había pedido el diario "La Nación", quiero anticiparlo en el blog, dado que ya algunos de mis conocidos han empezado a opinar a partir del artículo, creo que puede ser un interesante motivo de debate.

"Vivimos tiempos en los que hablar de coaching está de moda, tiempos de transformación de la política y, sobre todo, tiempos de esperanza en un liderazgo con otro acento, con un timbre de voz más armonioso. ¿Hay alguna relación en todo ello?

Escribo estas líneas porque creo que sí, que existe una relación virtuosa entre el Coaching (en la forma que algunos profesionales lo entendemos) y la Política. Declarar esa relación es el primer motivo de este artículo. El segundo, por el que sin embargo empezaré, es un hecho contingente que marcó el inicio del Gobierno de la Sra. Bachelet y al que se puede dar una connotación de nueva sensibilidad, sin confundir con una cuestión de género.

Que el nuevo equipo gubernamental se reuniera en Marbella para una conversación de punto de partida, sin un programa del gusto de los analistas políticos; que ese encuentro estuviese facilitado por Julio Olalla, conocido por su larga trayectoria en el coaching, que después los ministros, subsecretarios e intendentes que asistieron se refiriesen al taller en términos muy positivos pero con cierta vaguedad, generó una oleada de curiosidad entre los periodistas.

En los días siguientes tuve numerosas llamadas de medios de comunicación (supongo que muchos otros coaches también) tratando de averiguar cosas diversas: Desde qué podría significar para el estilo de este gobierno la realización de un encuentro de estas características (sobre lo cual tengo mi opinión desde luego) hasta el significado de que la Presidenta o su entorno eligiesen al Sr. Olalla en vez de al Senador Flores (aspecto sobre el que no tengo la menor idea, sin que ello se confunda con que lo considere irrelevante, simplemente no tengo el privilegio de conocer los motivos de la Presidenta de Chile, aunque me alegre por su elección)

El primer punto que es importante despejar es que la realización de este taller (que no fue un curso de coaching) no debería confundirse con la idea de que este enfoque de intervención va a tener una relevancia en el nuevo equipo de Gobierno. En consecuencia el análisis debería separar el significado del taller como señal, por una parte y el aspecto distinto de si el coaching y la política pueden conjugarse armoniosamente.
Pretendo dar tres argumentos positivos para cada uno de estas relaciones.

Efectivamente, considero un signo de valor positivo el encuentro de Marbella porque:

Creo que Chile, con un Gobierno que se enfrenta a importantes desafíos en un período relativamente breve para lo que ha sido común en las últimas décadas, necesita que actúe como un equipo compenetrado y los equipos se constituyen con un propósito, pero también sobre la confianza de sus componentes.

No es necesario argumentar mucho que la confianza no es sólo una derivada de la competencia técnica, implica compartir valores y una mística de compromisos, implica interlegitimación de los individuos como personas.

Los equipos viven en la dimensión emocional de serlo y es necesario saber crear el espacio en el que esto se produzca. El taller de Marbella fue una instancia para empezar a diseñarlo. En este sentido me parece que es una excelente señal. ¿Por qué no hacer en el Gobierno lo que todos aceptamos en el mundo de las empresas, de los deportes o de los grupos sociales? ¿Por qué no aplicar lo que en cualquier escuela de buena administración predicaría?.

El principal mensaje que resume la campaña presidencial que fue elegida por los chilenos y chilenas para gobernarnos fue el del “Chile inclusivo”. Incluir significa saber escuchar las inquietudes de quienes piensan de forma distinta, tienen raíces diferentes o viven situaciones o procesos desde los que la vida se percibe en otras dimensiones.

Si estamos de acuerdo en ello, que el taller pusiese énfasis en el escuchar, en el perdón o en el afecto, no tiene que ver con ninguna moda, es una señal que se dirigió al corazón de nuestros problemas de convivencia y por cierto que es una buena señal.

Tanto para constituir un equipo que responda a lo que Chile requiere, como para ser un Chile inclusivo, la herramienta común es la comunicación, en la amplia acepción en la que hoy se entiende (común acción, importancia de los contextos, rol de lacercanía)

Si los ministros, subsecretarios, intendentes y las demás autoridades de gobierno se hacen cargo que comunicarse es la gran habilidad del mundo moderno y que quienes determinan la validez de esa comunicación son los ciudadanos, no me cabe duda que tendremos un Gobierno más cercano, más riguroso con sus promesas y sus compromisos, más capaz de entender lo que es necesario construir para una sociedad mas justa y desde luego mas feliz.

Para hablar ahora del anunciado círculo virtuoso de coaching y política es necesario ponernos de acuerdo con una definición sobre a qué vamos a llamar coaching. No usaré para ello ninguna de las dadas por los prestigiosos chilenos que son reconocidos en este ámbito, creo que es mejor evitar sesgos y saliéndome de Chile utilizaré la que la ICF (International Coach Federation) está consensuando mundialmente. En ella se plantea como primer párrafo que: “El coaching profesional consiste en un acompañamiento (ongoing partnership) diseñado para ayudar a obtener resultados más satisfactorios en la vida, la profesión, la empresa o las actividades de las personas. Mediante el proceso de coaching el cliente profundiza en su conocimiento, aumenta su rendimiento y mejora su calidad de vida”

Dentro de esta concepción, de la que muchos profesionales que trabajamos en Chile participamos, el coaching es inseparable de marcados principios éticos en la relación con el cliente y con la sociedad, de un profundo respeto por la persona y sus intenciones y supone de forma muy especial que el cliente reconozca sus talentos, reconozca las propias barreras y logre expandir sus posibilidades de acción.

Dicho esto, mis tres argumentos para declarar que el coaching es una metodología de apoyo que potencia la acción política encaminada a mejorar al mundo al que se dirige son:

1. Si la política es el arte de lo posible, expandir los paradigmas de quienes tienen que gobernar y ser artistas de esa construcción constituye una labor de gran valor agregado.

El coaching al orientarse a ampliar los dominios de observación del coachee y las distinciones dentro de cada dominio, al acompañarle en su proceso de descubrimiento de las señales del entorno (incluso las más sutiles) representa también una oportunidad de desarrollar su liderazgo.

Cabe aquí mencionar a Ronald Heifetz, director del Proyecto de Educación de Liderazgo en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard que en su libro “El liderazgo sin respuestas fáciles” plantea ese espacio del mundo actual en el que el líder no tiene la respuesta a las situaciones que se plantean, no puede ser un experto en todo, pero tiene la capacidad de contener, de animar para la acción, de entrever posibilidades y hacer que los otros se hagan cargo de sus propias responsabilidades, delimitando su rol sin idealizaciones.

2. Si el poder conlleva niveles de soledad, a veces por la forma en que entendemos la responsabilidad, otras por la falta de pares o por el peso de la información reservada o por la incapacidad para delegar y desarrollar confianza, el hecho de tener alguien que no forme parte de la línea, con quien hablar en una relación de pares y que permita expresar la propia voz sin paliativos, con la seguridad de no recibir juicios, de disponer de una cuenta corriente de diálogo, resulta ser una compañía de alto valor.

Si el ejercicio de ese poder puede en ocasiones ser tan absorbente que deje los otros ámbitos de la vida al borde del colapso, disponer de un espejo que muestre las repercusiones que lo que estamos postergando puede tener en nuestro equilibrio, resultará una medicina preventiva. Al cabo es difícil que quien no sabe gobernar su vida pueda gobernar un país o el área que le corresponda, sin el riesgo de que lo someta a los mismos desequilibrios.

3. Si hoy concebimos como uno de los más importantes roles del estado la creación de ciudadanía, mantener conversaciones con un observador externo (pero comprometido con este propósito) en las que las decisiones de la política contingente no dejen a un lado las preguntas sobre los valores que conforman el proyecto de una nación mas integrada y una nación de ciudadanos elevará la dimensión de la política, ayudando a preservar esos valores, hablamos del respeto, la justicia, la equidad.

En muchos momentos de la historia del mundo, quienes tuvieron obligaciones de gobierno buscaron a personas sin la compulsión a imponer sus puntos de vista, situados voluntariamente fuera de círculos de interés y lejanos de la carrera por el poder, personas (monjes, anacoretas, filósofos, ancianos de las tribus) que cultivaban el arte de la reflexión abierta y sin mordazas, el arte de conectar a quienes les preguntaban con sus propios miedos y sus propias grandezas. Entonces no se llamaban coaches, pero el fenómeno es distinto a los nombres que lo explican"

domingo, abril 30, 2006


La tarea bien hecha

No se puede decir que sea un buen título, pero es algo necesario, si sólo podemos vivir el presente, lo importante es lo que hagamos hoy. La falta de prolijidad, desde esta perspectiva, es una forma de desconexión. Lo curioso es que cuando vivimos con profundo compromiso el presente, sin estar permanentemente sacando cuentas, fortalecemos el futuro posible. Esto es lo que me da vueltas, algo así como una ecuación en la que el orden de los factores si afecta al resultado. Me refiero a que si en aras del futuro pasamos de puntillas por el presente, algo estamos haciendo mal. Se nos lloverán las casas como a Copeva, se caerán los puentes, se descomprometerá la gente, se desvanecerá el amor, pasaremos sin dejar huella.
Jacqueline Saintard me habla también de esto en el mail que me envió inmediatamente después de mi newsletter de marzo, en el que por cierto hice una atribución indebida, cité como remitente del cuento que me servía de inspiración a Araceli Casanova (Ari) en vez de a Iris. Recojo aquí las palabras de Jacqueline: "Qué hermosa analogía la de los árboles, sus raíces bajo la profundidad de la tierra y como se exhibe su frondosa belleza empinándose al cielo. Hace pensar en la forma y el fondo, en servicio a las personas o lucimiento personal; en la cara brillante y obscura de la luna.
Aterricemos: En el sentido más profundo de dirigir políticas e instituciones públicas, es verdad. Si uno cumple uno de estos ciclos y se va, habiendo dejado "una manera de hacer las cosas bien" , como tu dices "para que las cosas ocurran", entonces tu misión ha tenido sentido y tu término de ciclo, será más sereno.


Es bello eso de hacer frondosas y profundas raíces que nutren aunque sean poco visibles, pero que permiten frondosos resultados. Sin ellas, podremos hacer solo hermosas pero efímeras y pasajeras acciones. Se me viene a la cabeza toda esa cuestión del bajo perfil o alto perfil.

Pienso en tantas acciones poco prolijas, que pronto muestran falencias...o desastres.
Pienso en tanto que se ha hecho y que ha significado cambios profundos y permanentes que ya no tienen vuelta atrás y , sin complacencia, pero tampoco flagelándose, nos permiten apreciar el país que hemos contribuido a tejer en estos años.

Tu reflexión obliga a hacer un alto en el camino y pensar. Es un momento para pensar porque creo que debemos dar pasos más importantes y significativos que hagan a las personas más felices, más seguras, más tranquilas.

En fin, has tocado con tu texto el centro de mis preocupaciones y mi ocupación actual. Tengo la inquietud respecto a que este proceso requiere cambios. Talvez el ramaje de nuestra raiz se dispersa y no alcanza la profundidad que requiere para captar humedad, nutrir y producir el resultado de un árbol sano y bello. Anido un proceso en mi alma hace algún tiempo. A esto le falta algo que me provoca desasosiego y tu reflexión apunta a buena parte de lo que me pasa.
¿Sentido del SERVICIO, sentido de la JUSTICIA? ¿Eficacia, eficiencia? ¿Orientados a resultados, orientados a procesos que permitan que las cosas ocurran?
No son necesariamente cuestiones dicotómicas o pendulares, pero merecen hacer la reflexión"
Mi reflexión es simple, estamos aquí para hacer la tarea bien hecha, no para alcanzar honores, estamos aquí para cumplir con nuestra misión, no para asegurar el siguiente peldaño de la carrera personal o de la cuota de infuencia de un partido político. No es fácil vivirlo, la ambición de poder es humana, pero también es humano el bien, la honradez, la responsabilidad, el deseo de construir un mundo mas justo. Me gusta en ese sentido que hoy hablemos del "Chile inclusivo"
Muchos de mis coachees pertenecen al mundo público, yo les pregunto ¿Para qué estás aquí? ¿Qué es lo que no puedes dejar de hacer? ¿Qué te has prometido a ti mismo/a? Luego guardo silencio.

viernes, abril 21, 2006

Las Batallas interiores


Tal vez el error sea creer que este blog sólo es el mostrador de reflexiones inteligentes con las que no estoy en conflicto. Tal vez, la dificultad surja de pedirme a mi mismo coeherencia de acción con lo que pienso, sin aceptar que pensamiento y acción son dimensiones diferentes y que puedo expresar aquello que está siendo una batalla en mi interior, sin entender que lo que está claro en su nivel de idea, puede expresarse de manera inconsistente en mi actuar. ¿Puede predicar el bien un pecador? ¿Puede ser crítico literario el mal escritor? ¿Puede entrenar un equipo de futbol un mal jugador?

Agradezco a quienes me han estado preguntando por la sequia de reflexiones de estos meses. Hace unos días Iris, a quien no conozco, pero que ha entrado en mis post para incluir comentarios, me preguntaba "¿En que andas, Juan?" Su pregunta me hizo decidirme a darme este tiempo, aquí, en el silencio de Cuncumén, donde relato un taller.

Estoy en la batalla. Estoy conmigo. No por eso he dejado de escribir notas y notas sobre mis pensamientos y sensaciones, algunas conversaciones relevantes, algunos coachings que han tocado temas que me han abierto miradas nuevas. He aprovechado también para avanzar en mi segunda colección de relatos breves. Estoy releyendo "La historia de la inmortalidad" de Jorge Luis Borges.

La elección estuvo motivado por varias conversaciones de coaching en las que se repite, como quiebre central, la imposibilidad para vivir plenamente el presente, la compulsiva necesidad de estar en el momento siguiente, en lo que está por venir, en mirar la siguiente cima sin darnos tiempo siquiera a ver el paisaje en el que estamos. En el fondo, la incapacidad para estar en el único (?) espacio real que tenemos: el presente. Borges se refiere a ello como "la intolerable opresión de lo sucesivo". Esa necesidad de que, a lo que está siendo, le suceda de inmediato lo que viene.

Escribiré mas profundamente sobre ello. Prometo, también, contestar la interesante respuesta de mi amiga Jacqueline Saintard a mi último artículo de "El arte de dirigir" (el número 34). Tomaré la oportunidad de hacer una reflexión sobre el coaching, a partir del"comment" de Gonzalo Castillo a quien creo no conocer.

Declaro todo esto porque creo que las declaraciones comprometen la identidad de quien las hace y ello me incentivará para el regreso. Mientras tanto ¿En dónde ando? En la silenciosa pelea conmigo, en el descubrimiento de algunas conductas propias que me asombran y junto a ello, vivo el amor generoso a Laura, mi linda nieta y eso me proporciona una gran emoción. La dulce emoción vivida en el presente, la alegría de saber que tendrá futuro.

lunes, enero 02, 2006



2005: Mi mejor coach

¡Feliz 2006! Eso me he dicho hoy cuando me he mirado en el espejo con la decisión de no afeitarme, de no tener prisa, de estar lento y sin plan.

Dejo en el ropero este año que acaba, como quien se quita un abrigo pesado que, sin embargo, fue compañero de momentos de tanta intensidad, desoladores y llenos de esperanza, dulces y agraces. En nada fue mediano. Cuando repaso el diario, me sorprendo de que hayan ocurrido tantas cosas, de que todas ellas hayan cabido en los 365 días que quedan atrás.

Creo que nunca en mi vida había estado tan en contacto conmigo mismo, tan solo y tan acompañado. El año mismo ha sido mi mejor coach, pero hubo otros de los que quiero dejar constancia antes de cerrar este capítulo: los libros y el árbol de Puyehue

Los libros
Leí desde esa conexión y los libros me hicieron preguntas, me mostraron patrones de conducta desde sus lineas incapaces de conmoverse con mis explicaciones: "Madam Bovary", "2666" del gran Bolaño, "El último lector" de Ricardo Piglia, "La velocidad de la luz" de Javier Cercas, "Bartleby y compañía" de Vila Matas, del que ya he hablado en este blog, "El secreto de la infidelidad" de Ethel Krauze, varios otros que se vaciaron ante mis ojos ávidos.

Por esto he recomendado a mis coachees que leyeran, que se sentaran con su libro y un lápiz, que leyeran anotando, que se metieran en la lectura con todo el cuerpo, sintiendo qué, de lo dicho, les rozaba, donde resonaba un eco conocido.

El árbol de Puyehue

Pero tal vez lo mas emotivo para mí fue cuando en Puyehue nos propusieron que saliésemos a los jardines y buscásemos un árbol, una flor, una simple hoja y le preguntásemos esa pregunta que nos era difícil acallar. Esa idea de hablar con los árboles, de abrazarlos, me resultó invasiva, propia de verdes aburguesados que predican la ecología sin pasar por las poblaciones o mientras fuman en los sitios públicos. Abadoné mis prejuicios y salí en busca de los tulipanes con una pregunta grande, bien formulada, de esas que pueden quedar sin repuesta porque su simple sonoridad las justifica.

Y sucedió que no fueron ni los tulipanes, ni los imponentes árboles del lugar, me detuvo un árbol común y mi pregunta fue perdiendo su grandilocuencia, se fue haciendo mas simple. La reformulé hasta que su simpleza me dolió, hasta que me dolió también la respuesta que encontré en mi interior.

No sabía que los árboles comunes conocieran el método socrático de la mayéutica, pero ese árbol de Puyehue fue mi mejor coach en este 2005 que he colgado en la percha oscura del ropero, mostrándome lo que podría haber visto mucho antes.

A la semana siguiente le expliqué al aplicado "C" lo que era el coaching directivo y le sugerí que hablase con el olmo seco de su parcela, tan machadiano y sabio, mucho más que yo sin duda. "Por lo menos mas barato" dijo él.

miércoles, diciembre 28, 2005


Navidad acompañada

Si entran a Mis Enlaces verán que el artículo de este mes sobre "El arte de dirigir" se refiere a lo difícil y lo necesario que resulta hacer compañía.

Todo empezó al ver la película "2046 Los secretos del amor" del director chino Wong Kar Wai, el mismo de esa otra obra genial que es "In the mood of love". En los días siguientes las escenas siguieron vivas en mi pensamiento y con ellas la inquietud que frecuentemente me persigue ¿Por qué abandono cuando abandono a alguien? ¿Qué me hace romper ese lazo profundo de la conexión? ¿Qué parte de mí abandona? ¿Cuál de los que soy?

En mi conversación de coaching con "J" la semana pasada trabajamos en identificar que planes, personas ó proyectos que eran importantes para él este año fue dejando abandonados en el camino, después trataríamos de entender el por qué y "J" me miró con su seriedad habitual y me dijo "Me he abandonado a mí mismo"

No siempre estamos preparados para recibir respuestas tan contundentes
- ¿Podemos acompañar a los otros cuando no sabemos estar con nosotros mismos? -le pregunté yo, aunque realmente me lo preguntaba a mí mismo.

- ¿Cómo se acompaña?

Y barruntando estas preguntas hoy me ha llegado un mail de Maria Eugenia Sbárbaro con una historia que se atribuye al gran educador italiano Leo Buscaglia que alguna vez había leído, pero que hoy he sentido como una respuesta

"Al autor y orador Leo Buscaglia, se le solicitó que fuera parte del jurado de un concurso. El propósito del concurso, era encontrar al niño más cariñoso.
El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un anciano a quien recientemente se le había muerto la esposa. El niño, al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, se metió al patio del anciano, se subió a su regazo y se sentó.
Cuando su mamá le preguntó que le había dicho al vecino el pequeño niño le contestó: * Nada, sólo le ayudé a llorar".

Esto es acompañar, me he dicho a mí y probablemente, le he dicho a "J", para encontrarnos de nuevo tendríamos que estar dispuestos a jugar al escondite y recuperar esa sabiduría que tuvimos y que sigue siendo un recurso alojado en algún arcón del alma.

miércoles, noviembre 30, 2005


O pudo ser otro el silencio

Claro que tengo otras versiones sobre estas semanas de encierro de la palabra, pudo ser el silencio de los Bartleby, porque me quedé prendado de ese libro magnífico de Enrique Vila Matas "Bartleby y compañia". En la primera página, debajo de las fechas de inicio y terminación de la lectura, escribí: "Me quedo lleno de sugerencias, lleno de cuentos para no escribir, con la sensación de haber asistido a una clase magistral"

¿Qué podemos hacer ante las cosas magistrales si no es guardar un silencio respetuoso, un silencio de aprendiz, un silencio límpio por el baño de humildad recibido?

Vila Matas habla de lo "bartlebys" tomando el nombre del relato magnífico de Herman Melville "Bartleby el escribiente", aquel cuyo universo era su oficina, negándose a la vigencia de otro mundo, incluso el de su expresión. A Bartleby pertenece esa respuesta lacónica, lapidaria y permanente cuando le preguntan que cuente algo sobre él y sobre su vida -"preferiría no hacerlo"-contestaba.

En el libro, Vila Matas se pasea por la opción de muchos escritores "bartlebys "que un día deciden dejar de escribir, no volver a caligrafiar palabra alguna y se refugian en el silencio para siempre, Hölderling, Walser, Rimbaud, Henry Roth, Salinger, Juan Rulfo, mi admirado, decenas, cientos, que sin saber por qué un día toman la decisión de callar, como si ya no cupiese decir nada más, como si todo su aporte estuviese hecho, o tal vez, porque descubren otro sentido para el resto de sus días: La negación de sí mismos, de la palabra que nos confunde, que nunca es capaz de expresar la riqueza que está en nuestra percepción, en la forma que por un instante capturamos la profundidad de las cosas o lo sentimientos.

Tal vez callamos ante la imposibilidad de aprehender lo esencial o de expresar lo que realmente queremos decir. Tal vez callamos en esos momentos en que no sabemos lo que hay que buscar.

Me he hecho esta pregunta ¿En qué ámbitos guardo silencio? ¿Qué preservo con ese silencio? ¿Qué evito? ¿Qué cosas no suceden a partir de él? y he empezado también a hacerla en mis sesiones de coaching de esta semana. Ha resultado una apertura interesante, porque siempre una noción de lo esencial ha estado cerca: eso que no sabemos pero que nos ronda como una sombra.

Copio un párrafo memorable del libro antes de terminar esta noche de un mes nuevo

"Joubert conoció la felicidad del arte del extravío, del que fue posiblemente su fundador.
Cuando Joubert dice que no sabe muy bien en qué consiste lo esencial de su rara tarea de extraviado, me trae a la memoria lo que le ocurrió un día a György Lukács cuando, rodeado de sus discípulos, el filósofo húngaro escuchaba un elogio tras otro acerca de su obra. Abrumado Lukács comentó <> <<¿Y qué es lo esencial?>> le preguntaron, sorprendidos. A lo que él respondió:El problema es que no lo sé "

Dado que no lo sabemos, podemos calladamente concentrarnos en hacer bien lo que cada día sí podemos hacer

A veces llega una ráfaga de silencio

Me pasa, a veces llega una ráfaga de silencio y considero que lo mejor es permanecer callado, anotando las ideas que desarrollaré, llenando un cuaderno de pastas negras en las que sigo practicando el arte (?) de escribir a mano.

Es el silencio de Puyehue. Allí me fui el 19 de octubre para asistir al encuentro de coaches organizado por Newfield que se llamaba "Recuperando la belleza de lo cotidiano", me fui también a estar solo, a tener que quedarme a la fuerza conmigo mismo, sin clientes, sin consultores a los que orientar, sin citas, sin coachees, sin minutas...me fui a estar unos días con juan vera, este que se escribe con minúscula, que no tiene que saber, que no tiene por qué estar siempre bien, que, con frecuencia, está tan desorientado.

En la agenda aparecían Verónica Olalla, Julio Olalla, Cristopher Cooke, Fernando Cifuentes, Patricia May, también estaba Suzanne Williams en Aikido, pero nunca fuí, aún no quiero aprender a caer, más bien estoy aprendiendo a que me duelan los golpes, de forma que me autoliberé de 19.00 a 21.00.

Lo que me pasó fue que, por primera vez, tuve visualizaciones de imágenes nunca antes vistas, como si tuviera un programa en tres dimensiones abierto en mi cabeza, durante las meditaciones con Verónica Olalla, (Te doy las gracias por ello, Verónica) que con Julio regresé a las preguntas de siempre y me encontré con la emoción de estar desvalido como antes, es decir adolescente (te doy las gracias por ello Julio), que dominé mi arrogancia intelectual para no discutir con Cristopher Cooke, que pude observar sin bronca interior su forma de no responder como yo esperaba que respondiera y parte de ese logro tuvo que ver con su forma de estar de pie delante de la sala junto a su fantástico pero frio PowerPoint, con una quietud interior sobrecogedora (Gracias por ello Cristopher) que pinté como cuando era niño, sin miedo al ridículo, sin desasosiego por no encontrar el color o el trazo, siguiendo la llamada de una visión sugerida por la música del trompe tocado por Fernando Cifuentes, el pintor chileno (Gracias por ello Fernando) que me llegaron las lágrimas como un caudal irrefrenable mientras hablaba Patricia May y no era lo que decía, era su presencia, su manera de decir "belleza" (Gracias por ello Patricia, aunque a ti te di las gracias mientras paseabas por el camino de los notros)

Y eso fue, a veces algunas cosas vienen con tanta vida que solo queda la posibilidad de vivirlas, de quedarse en silencio durante un rato o unas semanas, mientras que todo se posa en el interior como esas nubes de polvo que la luz permite ver durante un instante.

¿Y qué tiene que ver esto con el coaching?

Lo iremos viendo. No estoy seguro. Yo creo que sí.

Tiene que ver con la importancia de conectarse con uno mismo, con la necesidad de pensarse callado, de darse cuenta. Es por eso que el silencio, por eso que yo le digo a "J "y a "M" y a "H" y a "I" "No tengas prisa en contestarme, no te contestes tu tampoco, deja que la pregunta haga su trabajo, que hunda su azada, que remueva el barro, que ponga la luz sobre ese polvo que gravita incesante de una forma invisible en nuestras vidas"

Por eso, hoy que vuelvo a este blog del coaching, pienso que tiene que ver, que tiene mucho que ver.