viernes, diciembre 08, 2006

El arte de contar historias

Nos sorprende cuando escuchamos a otros decir lo que nosotros sostenemos habitualmente. Mas aún, cuando lo leemos en sus argumentaciones. Esto es lo que me pasó con Javier Martínez Aldanondo, cuando le escuché hablar sobre el aprendizaje en la presentación que hizo la revista española Capital Humano y después cuando recibí la newsletter que él escribe cada mes desde Catenaria y que en esta aocasión lleva por título: “Cuéntame un cuento”.

Solemos sentir una mezcla de soliaridad y cercanía (uno de los mios) y de invasión (¿Pero esto no lo había pensado yo antes?. Debe estar en nuestro ADN la fantasía de haber visto a la chica primero, claro que con la edad se va haciendo más difícil y buscamos otras formas de ser únicos). En este caso mío, prima la cercania solidaria, ese sentimiento de que cada vez somos más los que pensamos en esto.

Ya no creo que nadie invente desde la nada, construimos sobre el saber que existe, los contextos que existen, las emociones que compartimos. Todo es colectivo y todo es individual.

Me estoy refiriendo, sin decirlo, a la teoría de que aprendemos a través de las historias que nos cuentan y que, por lo tanto, no es a través de los datos y los PowerPoint que dejamos la semilla en los otros, sino a través de las historias que contamos.

Javier (español también, perdón, vasco, uno nunca sabe: pertenecemos al mismo estado pero a distinta nación) lo escribe de esta manera:

“En su libro La Bendita Manía de Contar, García Márquez afirma "estoy convencido de que el mundo se divide entre los que saben contar historias y los que no". El pasado y los hechos más importantes de tu vida los recuerdas como historias y si imaginas tu vida hacia el futuro, también lo haces en formato de historia. A fin de cuentas, las historias son lo que les contamos a los niños cuando quieren dormir. Incluso cuando dormimos, soñamos en forma de historias. Harvard patentó el estudio de caso como su metodología estrella que el resto de las escuelas de negocios adoran y que todos los directivos consideran una eficiente herramienta de aprendizaje.
Entendemos y nos explicamos el mundo a través de historias. Las historias inspiran porque se dirigen a las emociones y no sólo a lo racional y por que te llevan a hacerte preguntas en esta época donde la educación sigue insistiendo en las respuestas y en que aprendamos ingentes cantidades de teorías y conceptos, memoricemos datos y los regurgitemos en absurdos exámenes. Gracias a dios, la práctica va por delante de la teoría y los problemas no se pueden comprender intelectualmente, hay que vivirlos”

Creo que uno de los momentos mas interesantes de mi trabajo de coaching con “G” fue cuando le dije que el Plan de la empresa lo tenía que contar como una historia, un relato que entendiera un niño de siete años, que llamara al esfuerzo y al corazón, una historia donde él estuviera implicado, ante la que él mismo no pudiera ser un locutor aséptico.

- ¿En qué se parece ese plan a los momentos estelares de tu vida? -le pregunté- ¿Cuál fue ese momento estelar?- Y él se quedó pensando.

- Ahora piensa lo que quieres lograr, visualízalo ¿Cómo pueden sentir ellos lo que tu sentiste? ¿Cómo se lo tienes que contar?

Y “G” llegó a aquel taller y contó su primera maratón de Nueva York. Llevó el vídeo de su llegada. Todo su equipo vivió la historia, lo vió. La metáfora estaba construida. Algo se creo en aquel grupo que pasados los años sigue aún presente.



Por eso al escuchar y leer a Javier sentí que hablamos de lo mismo, que a lo mejor ambos somos españoles y vascos y por eso mi hija se llama Arancha y por eso él cita a García Márquez, uno de los emblemas de la lengua española, porque creemos que somos contadores de historias, que nuestra materia es la materia de los sueños, la que usó "G" en aquél Taller hace unos años.

4 comentarios:

Garp Gauz dijo...

Asi mismo como usted bien dice, son los niños los dueños de los cuentos porque ellos creen aún en lo increible, ya sean niños pequeños o algunos que llevamos dentro, por eso, el cuento es mi forma de ser único, de compartir mi mundo.
Lo invito cordialmente a visitar mi blog, me gustaría saber su opinión.
http://cobayomedusaymangosta.blogspot.com/

Juan Vera dijo...

Hola Garp ¿O debería decir Gauz? Entré en tu blog. Mis primeras impresiones son:
No me cabe duda que Mangosta es español, lleva los colores de la bandera. Me entusiasman sus perlas amarillas. Necesito más tiempo para conocer a los personajes, un paquidermo no es fácil de entender en una primera entrevista, son introvertidos, tienen demasiada coraza. Gracias por invitarme a entrar en este zoológico de la vida.

Juan

Camila Cienfuegos dijo...

Pienso que los dueños de los cuentos no tienen edad ni
tiempo...Kundera dice que no son más de dos o tres la historias
humanas que se repiten tan furiosamente como si nunca hubiesen
sucedido antes...cuando, donde y como se cuentan, ahí está su magia,
su real poder de asombrar..quién lo cuenta? no sé si importe tanto,
para el ego por cierto, para el mundo este que habitamos, aquello se
olvida..queda en cambio la conmoción de lo oído, la convocatoria a
intentar vivir y probar y experimentar y lanzarse a (re)vivir nuevos
cuentos para compartir con otros o simplemente con uno mismo, con el
ser, que solo se alimenta de historias, su luz, su capacidad de
irradiar dependerá por cierto de cuanto apostamos en ese cuento...de
cuanto perdimos, de cuanto ganamos, de cuanto dimos, y al final, qué
tanto nos sirvió para correr nuevas maratones, caernos y levantar otra
vez el cuerpo del suelo, por la humana maravilla de transformar
nuestros días en cuentos...ojalá; de aquellos de las mil y una noches o los de la "Edad de Oro" de José Martí....

Iris dijo...

hola Juan, es la oralidad mágica, un cuento que escuchamos, cobra un inmenso poder, como si la voz del otro o la propia, nos llevara, meciéndonos o agitándonos, en especie de actividad hipnótica, que seduce y encanta y se nos impregna la voz, las palabras, los aromas, las melodías y los colores y no las olvidamos jamás.

Un abrazo,
Iris

pd, sobre las coincidencias, sincronías, cercanía solidaria, una nueva: repositorio común situado en el cosmos, sin tiempo ni espacio, no hay plagio, no hay primero ni después, sólo bellas semejanzas, por eso a mis escritos los declaré "Escritos sin tiempo" y agrego también, " sin propiedad"