miércoles, junio 16, 2010

Esa necesidad de creer


Se ha repetido en varios de mis últimos coaching, aparece como un quiebre revestido de otras formas. El contexto es la dificultad para producir cambios. Solemos estar de acuerdo ya con mis coachees en que sólo cambian las prácticas cuando cambian las creencias. Esto ya lo hemos dicho muchas veces, sin embargo cuando abordamos situaciones concretas es fácil adjudicar la resistencia a una intención. "Se resisten o nos resistimos porque...y abrimos una intención en contra".

A estas alturas mi interpretación es que el principal obstáculo para los cambios es que no creemos suficientemente en nosotros mismos, en nuestra capacidad de ser flexibles, de aprender, de superarnos.

Pero hay una ventaja que subyace en todos esos mismos procesos: necesitamos creer para estar vivos. Con esa necesidad debe conectarse el coach, como con esa necesidad se conecta el líder.

Hoy lo comprobamos cuando avanza el descreimiento en la política, en las instituciones o en la religión y al mismo tiempo avanzan las creencias exotéricas, las comunidades, las tribus. Necesitamos creer en algo.

A todos nos gustaría creer en nuestra empresa, en nuestros dirigentes, en nuestra familia, en nosotros mismos.

Piensa en la poderosa palanca que eso nos da para mover el mundo.

2 comentarios:

Benjamin dijo...

Estimado Juan, muy de acuerdo con tu reflexión. Y cuando pones la necesidad de creer para estar vivos, debo admitir que en la primera lectura leí "necesitamos crecer para estar vivos", y también me hizo mucho sentido, y tiene que ver con esa conexión entre el creer para movilizar y la movilización virtuosa hacia el crecimiento.

Solo me atrevo a proponerte quizás cambiar el párrafo penúltimo en cuanto a su orden, poniendo el creer en uno mismo al comienzo, como condición para creer en cualquier otra cosa.

Sin embargo, en estos tiempos se nos hace mucho más difícil creer en algo que no conocemos. Por eso la caída natural de tu artículo hacia el propio conocimiento me parece clave, la conexión con la realidad primaria que es el uno mismo. ¿A quién siguen mis liderados? ¿A mi? ¿Al que yo creo que soy? ¿A que quiero ser?... soy de la firme convicción de que la gente sabe quien somos no por las palabras (al menos no solamente), si no por todo lo que proyectamos, incluso sin la propia conciencia de hacerlo. Es más fácil engañarnos a nosotros mismos que a quienes nos rodean.

Y luego de creer, solo queda generar el móvil del cambio, “el querer”, en la más amplia de sus acepciones, desde darle sentido o intensión de que pase algo, hasta el mismo relacionado con el amor por las organizaciones (También en su sentido más amplio). (Me gusta como lo plantea Vignolo, Ramirez y Vergara en “Ángeles y Demonios de la Gestión Pública Chilena. 2010).

Por eso, y permitiéndome pensar linealmente por un momento, creo que la secuencia que termina el cambio podría ser:

Conocer(Se) – Creer – Querer – Crecer – Generar Cambio

Estimado Juan, esta pequeña reflexión sólo en agradecimiento por compartir la tuya con nosotros, especial para la mañana temprano, que permite conectar o sintonizar, antes de comenzar la dura tarea de Liderar a cada uno de nuestros equipos.

Un gran abrazo

Fernando Aldea dijo...

"Creer en uno mismo"...tarea de dificultad mayor. No sólo porque de esa creencia nace tu interpretación de "lo posible", de lo "querible" sino porque ese "uno mismo" que configuramos para nosotros sólo existe a partir de la dialéctica permanente entre yo y los otros.
Con los años tengo cada vez mayor convicción que sin escuchar, entender, aceptar, amar y desear la interpretación de los otros en tu camino, el resultado de esa creencia personal sobre "el que soy" y " el que soy posible" pierde nitidez y, principalmente, disminuye nuestra capacidad de influir y liderar procesos en los cuales necesariamente soy sólo una parte.