martes, mayo 10, 2016

Desde donde hacemos el Coaching

Nuevamente tengo el privilegio de ser publicado en la Revista virtual "Conversaciones de Coaching", esta vez en su número 7. Esta fue mi columna

Desde dónde hacemos el Coaching


En las últimas semanas la lectura del libro de Marcelo Krynski “GPS para coaches y coacheados del siglo XXI” y una posterior conversación con uno de mis maestros en el primer aprendizaje del coaching: Julio Olalla, repuso en mis conversaciones interiores la importancia del “desde dónde”, sobre la importancia del “cómo”.

Cuando hablamos del “cómo hacemos coaching”, solemos entender que estamos refiriéndonos a estructuras, herramientas y metodologías y que cuando hablamos del “desde dónde hacemos coaching”, estamos hablando de creencias, comprensiones y espacios emocionales, es decir que hablamos del ser que somos y de las creencias sobre el ser que es el coachee.

En el Colofón del libro de Krynski ,que tuve el privilegio de escribir, me refiero a mis aprendizajes más importantes en la práctica del coaching y digo: “Entendí que los contextos configuran estructuras de relación y en definitiva, como las culturas, determinan el espacio de lo posible. Eso me llevó a cambiar mi concepto de la eficiencia en el trabajo del coaching, aceptando que primero tenía que establecer el contexto para poder llegar a nuevas conversaciones posibles”.

Quise expresar aquí, que los contextos están más influenciados por el lugar desde el que partimos para acercarnos a lo que queremos lograr, los valores que mueven nuestro hacer, los juicios sobre el coachee, sobre el propio concepto de posibilidad, el cuidado por el otro, la búsqueda de nuestro acto, la entrega al desarrollo del otro, la libertad de no dejarnos oprimir por una metodología, la apertura a que el aire que deba entrar en esa estancia misteriosa de la transformación, pueda efectivamente entrar.

Más adelante digo “Claro que el nuevo contexto es otro tipo de estructura, en ese sentido en que los padres de la PNL plantean que la magia tiene estructura. No es entonces un problema de estructura o no-estructura; tiene que ver con una disposición fundamental a escuchar lo que el momento nos pide, lo que la vida nos pide; implica poner sobre todas las cosas al propósito”

¿Y cuál es el mejor propósito del coaching sino el acompañamiento de otro para que alcance su mayor despliegue de capacidades? Desde mi punto de vista que ese despliegue de capacidades mejoren el mundo que habitamos, empezando por su entorno más próximo.
Y a mi entender que ese despliegue no se quede sólo en sí mismo depende, en gran medida, de si el contexto creado trasciende al propio coachee y le invita a mirar el mundo, lo que pasa fuera, a sus posibilidades de ser un actor activo, a la interdependencia de su hacer con el sistema en el que lo hace, de su vida con la Vida.

A la vez creo que podemos estar de acuerdo que inspiramos a una vida mejor cuando esa vida mejor es reconocible en nosotros y desde ella acompañamos y hacemos del coaching una tierra llena de semillas que no se agotan en quienes las reciben.


Puede parecer que nos encontramos ante el permanente diálogo sobre fondo y forma, en el que ambos son importantes y el “cómo” tiene que ver con la forma y el “desde donde” se refiere al fondo. No negaré que esa es una de las lecturas implícitas y sin embargo esa conversación interior que el libro y el diálogo a los que me he referido me provocan me lleva a considerar que el “desde donde” es más que un fondo; es un origen, un impulso que va mas allá de la técnica y la intención, una fuente de inspiración que se produce cuando estamos conectados con algo que nos supera y que aparece en el acto de servir. Puede ser que esté hablando del amor.

Foto de Riyad Aljarei

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