viernes, marzo 17, 2017

Coaching para el Coraje


En el número 11 de la revista virtual "Conversaciones de Coaching" se publica mi artículo  "Coaching para el coraje", reflejando una línea de mi experiencia como coach.

Coaching para el Coraje


Thomas Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos y en opinión de muchos el más culto que ha tenido ese país (Kennedy cuando recibió a los ganadores del premio Nobel en 1.962 dijo Creo que ésta es la colección más extraordinaria de talento y del saber humano que jamás se haya reunido en la Casa Blanca, con la posible excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba solo”), decía que una persona con coraje era una mayoría.

Es decir, cuando tenemos coraje tenemos el poder para llevar adelante nuestras ideas, vivir nuestra vida como queremos, defender nuestra dignidad y mostrar consistencia al mundo. Todas estás consecuencias (y, como veremos, otras) forman parte del repertorio que un coach puede manejar para promover el coraje en sus coachees, siguiendo como estrategias:
·      Conexión con el propósito
·      Conexión con la visión de la propia vida, sus valores y límites
·      Conexión con la huella que quiere dejar
·      Conexión con lo que “no quiere” o quiere “abandonar”

¿Por qué hablar hoy del coaching al coraje?

Porque la contradicción forma parte sustancial del ser humano y a veces, como en el presente que estamos viviendo, esa contradicción adquiere connotaciones muy sustantivas cuando en el mundo más avanzado en ciencia y tecnología que la humanidad ha conocido estamos dando pasos atrás en nuestra capacidad de convivencia planetaria y en la construcción de fortaleza valórica personal.  

Durante algunas décadas la humanidad se ha sentido construyendo una sociedad más confiable y segura, en la que las expectativas y los compromisos se cumplían y se configuraba un futuro pleno de posibilidades. Se ha avanzado sin duda en muchos campos. La aparición de nuevas ideas con la vitola de progreso, el imparable desarrollo de tecnologías, la sensación que todo era alcanzable…

Hemos logrado que las máquinas funcionen, que salga agua de los grifos, que al apretar a los
interruptores se encienda la luz, que los autos funcionen sin conductor, los aviones sean más puntuales, los computadores sean más rápidos, que los teléfonos hagan fotos y los relojes sirvan para hablar por teléfono.

Hoy confiamos en que en el espacio de los artefactos todo sea posible, pero no (o menos) que las personas sean leales, que las sociedades sean más inclusivas, que la justicia sea justa, que quienes tienen el poder nos representen, que los empresarios piensen en la comunidad, que los países ricos abran sus puertas a los más pobres. Según datos recientes de la OCDE en Chile, país en el que vivo, sólo el 13% de los chilenos cree que puede confiar en las demás personas.

Debajo de una capa de confianza en lo tangible, vive otra de miedo al futuro, a poder mejorar, miedo a las instituciones y al abuso, incapacidad de un relato creíble. Y ante esto volvemos a necesitar como nunca el coraje. Un bien escaso en una sociedad cómoda y desacostumbrada al esfuerzo.

Hablemos del coraje

¿Y qué es el coraje? Y si es algo con múltiples interpretaciones ¿De qué coraje vamos a hablar? Mi costumbre es ir al diccionario. Las primeras acepciones que encuentro son

-       1. m. Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor.
-       2. m. Irritación, ira.

Cuando hablo de coaching para el coraje quiero centrarme en la primera de estas acepciones y subrayo las palabras “decisión”, “esfuerzo”, “valor” pensando en valentía. El coraje es así la fuerza de voluntad de una persona puesta al servicio de una causa, de un bien, a pesar de los obstáculos, a pesar de lo desconocido, a favor de la consistencia y la vida.

Llegamos al coaching

Un primer trabajo del coach es distinguir obstáculo de imposibilidad, acompañar al coachee a aceptar el obstáculo como parte legítima del escenario en el que actuamos. Cuando confiamos en nosotros el obstáculo enaltece el desafío, sin embargo ante la imposibilidad, cualquier acción sobra.

Frente a los obstáculos el coraje es la energía que permite sobreponerse a ellos porque perseguimos un bien mayor. Un primer camino de trabajo del coach es reconectar al coachee con ese bien ¿Por qué es importante? ¿Por qué merece mi esfuerzo? ¿Qué valor tiene en mi vida?

El coraje puede tener su origen en la emoción de la rabia, pero no es correcto confundirlo con ella. Desde la rabia no solemos desarrollar más que violencia. Nos damos cuenta así que el coraje no es una emoción, sino un estado de ánimo que nos lleva a la determinación de afrontar la adversidad, se constituye en nosotros como una actitud.

En los últimos meses varios de mis coaching han estado moviéndose en este paisaje, más que de rabias, miedos. Eso nos ha llevado a un segundo paso: entrar en lo adverso, distinguirlo.


Lo adverso se percibe como una amenaza, por eso el miedo.
Requerimos decodificar el escenario ¿Qué te es adverso? ¿Por qué? ¿Identificas alguna intencionalidad en contra tuya? ¿Hay alguna diferencia entre percibir adversidad y percibir obstáculo? Sin duda la hay. Adverso es opuesto a quien lo juzga o a sus intenciones, es su enemigo, es desfavorable para él/ella. Y como sabemos que el lenguaje no es inocente es diferente y preferible, siempre que sea posible, que nos enfrentemos a obstáculos y no a adversidades.

Hay veces que, indudablemente, lo adverso surge cuando sentimos que se vulnera nuestra dignidad. Si es así, la defensa de la dignidad puede nutrirse de la rabia que aparece ante lo injusto. De nuevo clarificar el escenario es clave. No surge la rabia como emoción movilizadora ante los impedimentos, surge ante la injusticia. El riesgo es confundir los términos y reaccionar desde una queja desmovilizadora.


Coraje también tiene que ver con arriesgarse a lo desconocido y a veces lo más desconocido es nuestra capacidad de reaccionar y por lo tanto el miedo a nuestras desconocidas reacciones. Una pregunta que me ha servido en este trabajo es la de ¿Qué es lo que sientes que no conoces de ti en el proceso de enfrentarte a lo desconocido? Volver al centro de quien juzga, siente, percibe, develar el observador que late en el fondo.

¿Qué realidad interior es la que  cuesta ver de frente y expresar? Esta es la cuestión previa que el coach debe abrir. Mirar las conversaciones interiores del coachee y lo que teme. Algunas de esas conversaciones serán buenos argumentos para auto-justificar la falta de coraje. En esto los seres humanos somos expertos, dejamos que nuestra mente nos engañe, que cree su propia verdad.

Allá por el año 2.000 el catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid Francisco Rubia publicó un libro que me impactó “El cerebro nos engaña”, desde entonces he aconsejado a mis coachees, de la misma forma que me digo a mí mismo, que desconfíen de sus interpretaciones, especialmente las que nos restan de actuar, aquellas que nos dejan en el conformismo y la inacción.

Se abren otros caminos como el de llevar al coachee a imaginar cómo se sentiría si hubiese tenido las conversaciones que no tuvo, defendido los puntos que no defendió. Llevarle a situaciones en que sí lo hizo, ponerle en contacto con la experiencia real o imaginada de sentir el impacto de ese recurso llamado coraje, recordando que finalmente es una decisión nuestra  y que podemos tomar.

Caminos poderosos como el de hacerse la pregunta ¿Quién además de yo mismo/a se beneficiaría de mi coraje? Para ponerse en contacto con el valor para otros y el valor de la propia identidad pública de, como planteaba Gandhi, ser el cambio que queremos para el mundo y vivir en la consistencia.


Todos sabemos del coraje y de su ausencia, por eso aunque he citado a doctos personajes, hay una definición que se atribuye a Ambrose Redmoon, pseudónimo de James Neil Hollingworth, un hippie, beatnik, y agente de bandas de rock en los años 60, no parece una carta de presentación  para un paper y sin embargo  para mi gusto resulta más diáfana y útil que ninguna, a los efectos del coaching: “El coraje no es la ausencia de miedo, sino el juicio de que hay algo más importante que el miedo”. Una definición casi ontológica que nos pone en la gran pista de encontrar ese algo que para el coachee y para nosotros mismos es más importante, porque al descubrirlo y volverlo a poner en nuestro corazón nos levantaremos con el coraje interior que nos permite atrevernos a vivir la vida que queremos, aquella por la que estaríamos dispuestos a morir.

2 comentarios:

Juan Miguel Garcia Alonso dijo...

Me parece genial y enriquecedor. Gracias Juan Vera

Gabriel Bunster dijo...

Me gustó mucho el comentario final “El coraje no es la ausencia de miedo, sino el juicio de que hay algo más importante que el miedo”.
Saludos