sábado, marzo 25, 2017

Conversaciones con Alberto Hernández (3)

   Sigo entonces trayendo lo escrito por Alberto Hernández como vivencia del Programa de Coaching al Poder y la Política celebrado en Santiago en Agosto del 2.016. Dice, unos párrafos más adelante de donde lo dejamos en la nota anterior.

    "Juan enumera hechos del mundo que para él enmarcan el presente actual: La primavera árabe y el mayo en la Puerta del Sol. Manifestaciones en Chile por la calidad de la educación. Falacia de los ingresos medios. México, Venezuela y Brasil. España sin Gobierno. Trump (que todavía no era este Trump Presidente). El avance de la ultraderecha en Europa. Chile como ejemplo de que el desarrollo económico no es la solución (la desigualdad produce más violencia que la misma pobreza). 

     También refiere a que el mantenido aporte de los commodities no producen empleo. Que se ha roto el sentido de comunidad. Y termina esta contextualización trayendo a Mizberg y contando que lo que dijo en un Congreso de Recursos Humanos en Canadá luego de su imponente producción en el ámbito de la estructura. “Una organización no sobrevivirá en el siglo XXI sino se constituye en comunidad”. Ahí está la clave. Este fue un momento particular del curso, dicho esto en un sentido personal y propio. 

     Me explico. A esta altura me iba dando cuenta que tengo diferentes lecturas e interpretaciones, con Juan, respecto del contexto actual, sin embargo elegí acompañar en silencio y escucharlo genuinamente. Por varias cosas: primero, porque si entraba en debate con él podríamos derivar en cosas interesantes, pero que no hacían el foco del curso. Podía convertirme en un protagonista del desenfoque del seminario. Quiero decir: alguien puede tener opiniones muy distintas a Juan y sin embargo coincidir plenamente en el enfoque de cómo hacer Coaching político; si elegía confrontar con Juan era discutir de política y sin embargo él, creo, pretendía mostrar que para plantear el tema del Coaching Político es necesario tener una lectura política del momento que se vive. Pleno acuerdo en este sentido." 




Efectivamente, creo que la decisión de Alberto de escuchar sin lanzarse a discutir permite hoy lo que estamos haciendo. Conté y contaré lo que veo, desde el observador que soy. El cuidado es no caer en la arrogancia de hacer creer que lo que veo y señalo es lo que es. En algún momento dije “y sin duda cada uno de ustedes aprecia muchos otros sucesos que configuran un mundo en el que lo político afecta a la vida de cada día”. Eso es lo relevante. 

No podemos intervenir en un dominio que no observamos y sobre el que no tratamos de saber, ni de tener claves. El ejercicio fundamental fue darle significado a noticias que han llenado páginas de los periódicos y minutos de los medios de comunicación en los últimos años de nuestras vidas ¿Qué nos están diciendo? ¿A qué obedecen? ¿Tiene significado que los jóvenes árabes en porcentajes altísimos digan que no tienen esperanza en el futuro? ¿Tiene significado que los manifestantes de la Puerta del Sol fueran replicados en más de 80 países del mundo y que su eslogan de fondo fuera: No nos representan? ¿Qué nos está mostrando cuando vemos el tablero completo, más allá de las sensibles diferencias de cada grupo y país? Con frecuencia la focalización en nuestra propia realidad nos impide ver la ola a la que pertenece lo que allí acontece, el movimiento que la impulsa.

Alberto sigue escribiendo

Además para mí resultó muy importante atravesar un buen rato, escuchando cosas con las que no coincidía completamente y en las que había omisiones para mí significativas. Pero fue un buen ejercicio tener una escucha plena y en silencio.

Pero ahora quiero dejar aquí reflejado el nudo de diferencias que tengo con Juan y que me gustaría discutirlo con él. Juan parte de una conclusión que la presenta antes de dar el contexto: vivimos un momento de desencanto y desilusión generalizada respecto de la política. Acuerdo con esto, pero quisiera matizarlo.


La actividad política es per-se sospechada y lo ha sido siempre. Entre otras cosas porque la hechura política tiene mucho de oculto y de oscuro. Sin embargo, en cualquier momento que se analiza la política siempre es vista como de peor manera y más oscura y más desilusionante de lo que era en el pasado. Entonces: en la primera década del siglo XXI se añoraban tiempos anteriores, lo mismo pasaba en la última del siglo XX, en los años 80 y así indefinidamente. 

Un ejemplo puntual: en el curso leímos como buenos y grandes discursos el de Aylwin y el de Alfonsín, sin embargo cuando ellos gobernaban se hablaba de crisis política y se añoraban tiempos pasados. Viví ese momento; viví el desencanto de Alfonsín y de Aylwin. A pesar de lo cual los rescato ahora y sobre todo a Alfonsín a quien critiqué mucho en su momento. 

Me parece que Juan, al pararse en ese lugar, no hace sino repetir una operación descrédito hacia la política que es la operación del descrédito permanente. No quiero decir con esto que el momento actual no tenga peculiaridades, pero creo que corresponde la distinción histórica de la política sospechada y tratar de desentrañar conceptualmente porqué eso es así en lo estructural de las sociedades y luego sí entrar en las singularidades del presente. Entiendo que de no hacerse esta distinción se corre el riesgo de promover ciertos pre-juicios a las personas que balconean la política como son los Coach sensibles a la política. Esa es una cuestión estructural que quiero compartir con Juan.

Discutamos esto, porque no me siento interpretado. Cuando hablo del descrédito de la política, lo
digo desde la pesadumbre personal. No es esa la idea que quiero dejar, sino la de la política como una necesidad social ineludible. Ahora bien, parto de conclusiones, como tu señalas, que más que juicios son los resultados de las encuestas de los países cuyos datos sigo: los políticos están siempre en el último quintil de cualquier tabla, muchas veces los últimos. En todos los programas que he hecho, incluso entre los participantes, que eligieron hacerlo, que pagaron por ello, cuando entramos en la primera mañana a establecer su relación con la política aparece una mayoría que la "desprecia". Se hace necesario entonces establecer la distinción entre "Política" y conductas de muchos políticos (tampoco la mayoría, como señalé)

La política puede haber estado siempre bajo sospecha, estoy de acuerdo. Hoy diría que está menos bajo sospecha, porque hay más transparencia (consecuencia, por cierto, de políticas públicas realizadas en el quehacer político y del papel de los medios de comunicación menos capturados que en otros momentos de la historia) y por ello mayor contundencia de datos que  hacen pasar de la sospecha al juicio negativo.  

Que siempre haya habido suspicacias es comprensible porque del poder hay que guardar siempre una razonable sospecha. Pero tanto en el Chile de Aylwin como en la transición de España, junto a esa crítica que señalas y que efectivamente había mientras gobernaban (así lo viví también yo) existía un enorme depósito de esperanza. Hoy no lo veo y eso es lo que quiero plantear como relevante (como  dije en el Programa parto de una subjetividad y es que sigo defendiendo a la democracia como la mejor opción posible de Gobierno) porque esa decepción en la institucionalidad democrática y no ya en el actuar de personas concretas, que a lo largo del resto de mi vida no había percibido, establece una diferencia preocupante. Ese quiere ser el centro de mi mensaje.  

Por lo demás en la lámina en la que presento frases con opiniones sobre  el comportamiento  de los jóvenes trato de decir que en inmemoriales generaciones siempre se mantuvo la opinión que “todo tiempo pasado fue mejor” y es importante huir de ese tópico. Dentro del desacuerdo en esto estoy plenamente de acuerdo. No creo que en ningún otro momento el mundo haya sido mejor que ahora, lo que pasa es que tampoco nunca creo que haya habido tantas expectativas de bienes  sociales como tenemos hoy.  Tomo nota entonces de tus comentarios para ser más enfático. Me ayuda una opinión de alguien como tú, que colaboró tanto con el éxito del Programa.

Alberto Hernández continúa escribiendo

 
     Pero también tengo otro nudo sustantivo coyuntural que es acerca de la lectura del presente. Me parece      que Juan y yo no leemos igual lo que pasó y pasa en nuestra región en la última década. Un párrafo sobre mi país: Argentina vive una politización de su sociedad muy intensa. Hay legiones de juventud participando en la política como no se veía desde la época de Alfonsín. A su vez hay enormes cantidad de jóvenes participando de organizaciones civiles que día a día constituyen la dinámica social argentina. 

Es cierto que el escenario es esencialmente confrontativo y escasamente cooperativo, pero nunca es de desencanto ni tampoco de escasa participación. Por lo que sé también en Uruguay la sociedad está movilizada al igual que en Ecuador. Colombia está más movilizada detrás de la paz de lo que estaba hace unas décadas. Perú, a pesar de haber retrocedido en sus opciones electorales, tuvo un avance social. La crisis de Brasil es multidimensional, pero es incontrastable la mejoría social de la mano de Lula. Estuvimos frente a una destitución de una Presidenta (Dilma) sin ningún cargo de corrupción sobre ella. Hasta los que la echan están diciendo que no es corrupta en forma personal. Venezuela se escapó de todas las manos (¿acaso también no se había escapado Grecia?). Bolivia puso la cuestión indígena en el primer plano de la política; solo como ejemplo podemos decir que la nueva constitución reconoce 32 dialectos, dando cuenta de la complejidad de ese país hermano. 

Ahora, todos juntos, en algún momento fuimos una región que se erigió como alternativa del mundo. No se pudo sostener, es cierto. Pero tampoco el mundo “oficial” está pudiendo sostener el status-quo (releo esto para mandárselo a Juan ahora que ya ganó Trump). Quiero decir: los logros insustentables que muestra la región deben ser reconocidos como un intento de la construcción de un mundo distinto al margen de las opciones “oficiales”. Hubo un intento. 

El viejo mundo y EEUU hace décadas que no intentan nada (mejor dicho: ahora han producido a Trump). No es casual que muchos de los nuevos movimientos políticos del primer mundo encuentran en movimientos de América del Sur una luz para hacer política. Quisiera ser preciso: no estoy discutiendo con Juan una posición versus otra, aunque puede haber algo de eso, lo  que persigo es  la intención de mostrar que las cosas son aún más complejas de lo que fueron mostradas en el seminario. Pero se dejó de lado una dimensión de la complejidad (nuestra región) que yo veo que en un momento fue esperanzadora. Para coaches que quiere incursionar en la política es clave que puedan verse costados de los procesos que desde ciertos medios son todos negativos y para los pueblos son de mejorías reales: nunca tantos brasileños tuvieron bien la dentadura como ahora o las madres pobres en Argentina nunca habían recibido una Asignación Universal por Hijo (AUH). Esos son resultados reales de políticas públicas. 



Me divierte releer a Alberto y sentir como puede más esta esencia nuestra de argentino y español que puede llevarnos a discutir aquello en lo que estamos de acuerdo. Soy un convencido de que las políticas nos han llevado a un mundo más vivible, por eso hago este curso. Tal vez el mejor premio que puedo recibir es cuando al final todos los participantes sintieron la Política, con mayúscula, reivindicada. 

No pongo en duda los avances materiales que se han producido, espero dejar patente que creo en la Política y no de una forma romántica, sino porque la mayor parte de las naciones que conozco con mayor profundidad tienen hoy situaciones mejores que tuvieron y en gran parte es debido a sus políticas públicas. Mi punto de alarma está en dos aspectos concatenados. La disminución del sentido de futuro en aras de lo inmediato y la dificultad para que el espíritu participativo se mantenga en la construcción colectiva y no solo contra algo o contra alguien.  Las calles, incluidas las de mi país, se han llenado como nunca de indignados, pero el nivel de propuestas de construcción no se condice con eso. La relación entre derechos y deberes ha sufrido un efecto pendular. La invitación es a entrar realmente al ruedo de las propuestas y  dejar de mirar desde el rincón de las quejas.

Finalmente no tengo claro que nuestras lecturas sean distintas, aprovecharé nuestra próxima conversación para tomar nota de lo que consideras que debe ser más relevado y si me convences prometo citarte. 

1 comentario:

Fernando Adrián Lamberto dijo...

Es estimulante asistir a un debate e intercambio. Celebro el evento. Agradezco permitirnos ser parte. Abrazo,