Hace tiempo decidí que mi forma de transformar el mundo en el que vivo sería a través de influir para que las organizaciones sean más humanas y sus directivos con más sensibilidad y mas consistentes con sus valores. Desde mi adolescencia ya sabía que una Misión que me había elegido a mi era la de hacer que el arte y la vida se encontraran en mi camino y preferentemente a través de la palabra.
martes, abril 28, 2015
Cambias las palabras y cambia el mundo.
Con este vídeo empezaré mi taller sobre la habilidad de comunicar para los directivos de un Servicio Público de Chile el Miércoles próximo. Con el mismo vídeo terminó Kiko García su intervención en el panel de comunicación en las jornadas que facilité para el Gobierno Regional Metropolitano la semana pasada.
Cambia las palabras y cambiarás el mundo en el que vives. Otra forma de decir que el lenguaje genera realidad. Eso sí, cuando detrás hay consistencia.
miércoles, febrero 18, 2015
Liderazgo a lo largo y a lo ancho
Cada vez me pasa
con mayor frecuencia que se conjugan circunstancias similares en mi actividad
de coach y pareciera que una buena parte de mis coachees transitaran por
situaciones que tienen puntos de conexión. Tengo entonces la sensación de estar
en la misma conversación con distintas voces.
En el caso
sobre el que me propongo escribir se trata de la conversación de los directivos
que no son los “número 1” de la organización y que, por tanto, deben
desarrollar una visión afluente de la Visión del líder principal.
¿Se puede
liderar bajo un líder? Se preguntan ¿Será
que debo restringir mi liderazgo para no competir con el líder principal? ¿Será
que tengo capacidades de gestión y no de liderazgo? ¿Estoy aquí porque soy
insuficiente?
Empecemos por el final: la insuficiencia es un juicio relacional,
comparado con algo, como por ejemplo: nuestras aspiraciones. No “somos”
insuficientes, tenemos insuficiencias en relación a expectativas, circunstancias,
roles o tareas para las que pueden faltarnos recursos y competencias.
Por la misma lógica, somos suficientes para ciertas cosas en contextos
determinados. Considerarnos “suficientes” como un juicio absoluto puede ser
también un error que nos deje en la arrogancia y en la complacencia. Bastaría
mirar con sensible cuidado para darnos cuenta que seguimos siendo perfectibles afortunadamente
y que nos sigue quedando un largo camino de trabajo en nosotros.
De alguna forma estamos hablando de suficiencia/insuficiencia en una
especie de comparación con el largo y el ancho. En donde el largo sería la
aspiración que se concretará en el futuro que queremos y el ancho serían las capacidades con las que
enfrentamos hoy en un presente con sentido y proyección.
Y es legítimo que ese directivo, que tiene su foco de trabajo en el
presente, se permita tener aspiraciones de un futuro en el que más que
contribuir a una visión que no surge de él/ella mismo/a, aunque la comparta, se
pueda centrar en su propia Visión. Vivir es estar de paso, caminar, tener
propósitos que se van sucediendo. El arte de vivir parece estar en la
aceptación de ese proceso en el que nos vamos constituyendo y develando.
Cuando “P”, “R”, “X” o “J” se preguntan sobre la compatibilidad de su rol
actual y sus aspiraciones están simplemente hablando de la aceptación del crecimiento,
la transformación y el cambio. Por eso pueden convivir líderes que establecen
una visión del futuro y líderes del presente que modelan el cómo hacer lo que
hoy es nuestra tarea.
Unos aportan una conexión con la necesidad humana de la trascendencia y
el impacto, otros contribuyen al ejemplo en el día a día a través de conductas
que dejen huella y aporten a la conexión con la excelencia y los valores de la convivencia
diaria.
Hay otros aspectos que puede preguntarse, como es si su objetivo sería continuar
la obra que otros iniciaron para hacerla posible como un logro colectivo en el
que al final sea irrelevante donde surgió la chispa o si su aspiración es
iniciar un nuevo camino
A través de todo ello mi esperanza es que encontrarán que liderar es una
actitud ante el mundo, la vida y las personas y que sin menospreciar el rol que
se ocupe en el tablero, este no determina la posibilidad de que aquellos que
nos rodean se desarrollen y florezcan (de nuevo me regresa este verbo)
El secreto puede estar en:
·
¿Cómo saber vivir con distintas dimensiones? La dimensión aspiracional de
mejorar el mundo, la de ser un ejemplo en el presente que mejore a quienes nos
rodean y la de ser los seres humanos que quisiéramos ser
·
¿Cómo no limitarnos?
·
¿Cómo servir a quienes hoy tienen que ver con lo “ancho” mientras construyen
el propio proyecto “largo”?
Así, casi jugando, al conversar en estos meses hemos construido una metáfora espacial con el largo y el ancho.
El largo como la cantidad de futuro en nuestro relato y el nivel de responsabilidad
con ese futuro y el ancho como la
cantidad de presente y la responsabilidad con él.
El ancho del líder cotidiano, emulando la denominación de mi amiga Pilar
Jericó en su libro “Héroes cotidianos” y el largo del líder que quiere
construir un mundo valioso.
El ancho que da espacio para el crecimiento hoy y el largo como las luces
largas que iluminan un destino posible y mejor. El arte es aceptar y manejar la
tensión de verse con un sueño, en un territorio que está lejos de ese sueño.
La mejor forma que conozco es reconociendo el sentido que ese territorio,
que probablemente dejemos en algún momento, tiene en sí mismo. Disfrutemos del
viaje mientras soñamos en Ítaca, nos dijo Constantino Kavafis y tal vez al
final nos sorprendamos al ver que el viaje es efectivamente el territorio y que
el sueño es la suma de todos los momentos que lo construyeron.
Por eso para el líder, sea ancho o largo, cada conversación es una
oportunidad memorable de salvar ese dilema entre la frustración (exceso de
pasado) y la ansiedad (exceso de futuro) que leí hace poco, para vivir el
tiempo perfecto en el que transcurre la vida real, la vida cuando la
comprendemos y la llenamos de sentido, cuando no es una estación de tránsito ni
una estación Termini, sino la experiencia de vivir sirviendo.
Cuando esto ocurre, largo y ancho
son apenas dos aristas de un poliedro. Ojalá nos demos cuenta y no nos perdamos
en el activismo sin propósito. Escuchemos a quienes trabajan con nosotros,
porque como aprendí, al líder lo constituyen sus seguidores.
viernes, diciembre 19, 2014
El Liderazgo de Jesús
Jesús, liderazgo amoroso e
incluyente: Mi experiencia

Mi buena madre no había leído a San Isidoro de Sevilla pero
pensaba como él que “Por voluntad divina la
pena de la servidumbre fue impuesta al género humano por el pecado del primer
hombre” y aunque tampoco
leyó a Maquiavelo también creía que sin temor no era posible evitar el mal.
Mi padre, ateo, me trajo a un Jesús revolucionario, su revolución tenía
que ver con la igualdad de mujeres y hombres, tenía que ver con el perdón, con
la superación y el bien. Mi padre ateo pensaba que el mal venía de los
totalitarismos, que Jesús era misericordioso y que era Hombre, que su figura
era un ejemplo para que los seres humanos creyésemos en nuestro propio poder y
en la posibilidad de un mundo mejor en la tierra, como la manera de alcanzar la
eternidad de una especie en donde las huellas que dejaran fueran por siempre
recordadas.
La vida me llevó a seguir a este Jesús hombre que no requería la ventaja
competitiva de ser Hijo de Dios para mostrarnos que cada uno de nosotros
contenía en su corazón la capacidad de evitar ser “una campana que resuena o un platillo que retiñe” y sí ser una
posibilidad fraternal para el resto de la humanidad y para el universo del que
formamos parte. Una vez, siendo aún púber, me dijo: “La lengua de Jesús hoy,
sería el esperanto” y yo no lo entendí. Era pronto para comprender esa visión
integradora y cósmica.
Mucho después, estudiando un tema que me interesa tanto, como es el
Liderazgo, me he preguntado ¿Qué hizo que Jesús de Nazareth movilizara a 12 hombres sencillos para ser el
punto de ignición de uno de los movimientos más importantes de la humanidad y
que éstos llegaran a cientos y luego a miles y a millones y miles de millones de personas a lo largo de
2000 años? Mi respuesta es que les hizo creer en sí mismos, les hizo tener el
sueño del bien en la tierra, a vivir la opción del servicio y la felicidad que éste nos da.
Tras muchas décadas de hablar de un liderazgo centrado en
tareas y resultados,
hoy volvemos a mirar el presente desde una óptica
diferente. Hemos ido creando un mundo complejo, individualista y hostil y para
volver a tener esperanza requerimos regresar a una mirada como la que Jesús nos
propone, requerimos que sean los valores de la autenticidad, de la cooperación
y el servicio los que nos muevan, requerimos creer en las instituciones y en el
ejemplo, requerimos legitimar a los otros y a sus miradas diversas.
Y cuando me pregunto ¿Qué hace que alguien que durante tanto
tiempo se ha declarado agnóstico como es mi caso se declare seguidor de Jesús?
Sin duda la respuesta es que si en algo creo es en el Amor, en la fuerza
transformadora del amor y las conductas que de él se derivan: la misericordia
y el perdón. Una de las enseñanzas del
hombre de Nazareth que me conmueve es la forma en que responde a escribas y
fariseos cuando quieren hacerle caer en una trampa y le preguntan por la mujer
adúltera ¿Qué haría él con esa mujer descubierta en su delito? ¿Transgrediría
la Ley, liberándola? ¿Aplicaría la pena correspondiente desdiciéndose de sus
hermosos discursos? Y Jesús les contesta «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera
piedra.».
A ese
liderazgo sigo y en ese liderazgo creo, en el que transmite la responsabilidad
a los otros y les pone en contacto con valores más profundos ¿Puede una Ley ser
más importante que los valores que se hacen cargo de la esencia de la condición
humana? ¿Podemos exigir a los demás lo que no nos exigimos nosotros? ¿Podemos
ser ciegos a nuestras propias miserias? ¿Permite algún motivo excluir a un ser
humano de los derechos de los demás humanos?
Jesús de forma muy distinta a lo que, en mi opinión, después ha hecho su Iglesia o partes de ella en determinados momentos de la historia, de manera muy distinta, siempre a mi juicio, a cómo se manifiestan algunos de los grupos políticos que dicen basarse en su doctrina, no pone condiciones para ser legítimo, para ser perdonado.
Jesús incluye a los pecadores, a los que no creen en él, incluso a los fariseos que tratan de ponerle una trampa. Jesús recibe el beso de Judas y lo perdona. Saulo de Tarso lo interpreta cuando dice en su carta a los Corintios: “El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
¿Qué le da entonces a Jesús su cualidad de líder por dos mil años? ¿Qué le permite ser líder de ateos como mi padre, de quienes dudan de su divinidad como yo o de católicos como mi madre? Creo que para entender el fenómeno del liderazgo hay que entender el fenómeno del seguimiento y esto nos lleva a mirar nuestra condición humana, los anhelos y aspiraciones de nuestra alma. Estoy seguro que si algo necesitamos es ser amados, ser reconocidos, encontrar sentido a lo que hacemos, tener la percepción de consistencia, saber que dejamos una huella en el mundo, que formamos parte de un todo que nos hace miembros de una comunidad más trascendente que nosotros mismos y Jesús muestra su grandeza de líder interpretando aquello que requerimos sus seguidores, de una forma que nos llega viva, revolucionaria y creativa, aunque hayan transcurrido siglos.
Amor, sentido, consistencia, huella que nos sobrevive, humildad, misericordia. He aquí algunas de las claves de su estilo. Alguna vez cuando he trabajado a través del coaching en el desarrollo de liderazgo de otros y me han dado permiso para ello, he seguido el camino de algunas preguntas basadas en su enseñanza: ¿Qué harías si amaras a tus colaboradores? ¿Por qué deberían seguirte, qué sentido les ofreces? ¿Qué pueden aprender de tu ejemplo? ¿A quién puede servirle lo que hagas con ellos y en ellos? ¿Qué les pides que no te pides a ti mismo? ¿Necesitas tenerlo todo claro para liderar a quienes te rodean?
En una ocasión uno de mis coachees me dijo que el primer día yo le había hablado de la confidencialidad del coaching y pronuncié la palabra confesionario y que luego le había aclarado (posiblemente de forma innecesaria) que yo no era religioso, sin embargo detrás de aquellas preguntas que le estaba haciendo, él veía claramente la conexión con su religión cristiana. Fue la primera vez que alguien me mostró cuán seguidor era yo de Jesús, cuán presente está en mi vida, aunque no requiera de su divinidad. Desde entonces y teniendo en cuenta que muchos de aquellos a quienes he acompañado en su desarrollo eran creyentes no he dudado en usar su cercanía para preguntar ¿Qué crees que haría Jesús en este caso? ¿Crees que Jesús tuvo claro todo? ¿No le dijo a su padre en la cruz mostrando su extrañeza “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? ¿No es arrogante por nuestra parte querer tener todas las seguridades? ¿No fue su última frase “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”?
Hay en esta actitud de Jesús una primera señal de lo que hoy llamamos liderazgo adaptativo, valores más que reglas, visiones y parábolas más que mapas de una certeza que nunca es posible tener. Este hombre de Nazareth es el que me convoca, el que alude al más grande y conocido de los secretos.
El secreto de Jesús- líder es el amor, por eso comparto la frase de Saulo: “Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.” El estilo de Jesús está basado en el amor y no en el miedo, en la posibilidad y no en la imposibilidad, en la trascendencia y la felicidad y no en el castigo. Y es a través de su amor que nos ofrece la oportunidad de una experiencia mística de unidad con todos los seres humanos de cualquier creencia, color, opción sexual. Un Cristo incluyente y servidor.
Esa es la figura del Jesús que escogí y se quedó en mi vida. Aquellos dos Jesuses terminaron siendo uno. Tal vez mi padre ateo era el hijo pródigo que al regresar a casa me dejó ese legado que nunca dejaré de agradecerle. Gracias Marcelino, gracias padre.
domingo, noviembre 23, 2014
Redes sociales: Oportunidad o/y Riesgo
Hace unas semanas Ximena Oñate, Gerente General de Coasin Business Solutions, me pidió un artículo sobre este tema para su revista corporativa, de esas que aún se editan en papel, aunque Coasin sea una reconocida empresa del mundo tecnológico, o quizás por eso.Y así, con su papel de buen gramaje, me acaba de llegar con mi artículo que reproduzco aquí..
"La palabra
Red, hoy suele suscitarnos la idea de pertenencia, de formar parte de algo, de
posibilidad para lograr un propósito. En nuestro hablar común también nos
referimos a “saltar con red” como tener la salvaguarda de que nuestro salto no
va a acabar en una tragedia.
Son
acepciones positivas que se contraponen con la Red que puede atraparnos, como
si fuésemos víctimas de una araña poderosa que nos deja inermes y vulnerables.
La red que sirve para pescar también puede ser que nos pesque a nosotros. No
cabe duda, por tanto, que hablar de las Redes Sociales y reflexionar
sobre ellas es un tema central en el mundo de hoy.
En esta
columna sólo pretendo abrir esta preocupación, con la misma posición (que me
recordaban hace muy poco mis primeros socios) que planteaba hace 40 años,
cuando empecé en España a dar conferencias de Informática y decía, parafraseando
a Papenheim, que la tecnología es neutra, las que no lo son, son nuestras
intenciones.
Le he
preguntado a mi hija qué piensa de las Redes Sociales, para qué las ve útiles y
su respuesta ha sido que producen una importante sensación de unión, de formar
parte de una comunidad ilimitada, de acompañarte en la soledad.
Hablando un
rato más hemos llegado a la conclusión que esa idea de estar conectado también
nos puede desconectar de lo más cercano, que ese “millón de amigos”, puede ser
la fantasía de una falsa compañía. ¿Entonces? Simplemente no todo lo que brilla
es oro. Yo soy usuario de las Redes Sociales y podría hablar a favor y en
contra.
Cuando
pienso a favor, coincido con mi hija que las Redes Sociales dan una respuesta a
la profunda necesidad humana de ser comunidad y de ser vistos para existir,
exacerbada por una forma de vivir en competencia, que permiten una velocidad de difusión inimaginable
y una cobertura ilimitada, que pueden generar una percepción de fuerza
desconocida que
de hecho tiene desconcertados a los políticos del planeta y que podrían
permitir a través de esa capacidad de la interconexión llegar a generar
posibilidades creativas que la complejidad del mundo actual demanda. En
definitiva, aparecen posibilidades de valor en un mundo diverso y poco
previsible.
Cuando
pienso desde la prevención y dejando a un lado usos como el cyberbulling, el
phising o los malware, me preocupa la forma en que pueden hacer vulnerables la
privacidad y la identidad de las personas, su efecto multiplicador conducido
por el vértigo de influir sin que exista la responsabilidad suficiente para esa
capacidad de influencia. Me preocupa que llevados por la posibilidad de crear
rápidamente estados emocionales a favor o en contra de algo hagamos ingobernable a la sociedad
y que la apariencia de acuerdo desde una información asimétrica y muchas veces
superficial, sustituya al debate de las ideas.
Si, como
dice el experto en Redes Sociales James Fowler, “para saber
quiénes somos tenemos que comprender con quienes estamos conectados”, en sustitución del viejo refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”, entonces, y por la importancia que las Redes Sociales tienen y la que tendrán en las generaciones que están creciendo con ellas, se hace necesario una educación social para las redes, que se pregunte más allá del impacto relacional y creativo por la dimensión ética. Si fuese Savater escribiría “Ética para las Redes Sociales”. No siéndolo, me conformo con esta discreta sirena de aviso para navegantes.
quiénes somos tenemos que comprender con quienes estamos conectados”, en sustitución del viejo refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”, entonces, y por la importancia que las Redes Sociales tienen y la que tendrán en las generaciones que están creciendo con ellas, se hace necesario una educación social para las redes, que se pregunte más allá del impacto relacional y creativo por la dimensión ética. Si fuese Savater escribiría “Ética para las Redes Sociales”. No siéndolo, me conformo con esta discreta sirena de aviso para navegantes.
miércoles, noviembre 19, 2014
Dirigir creando comunidad
Me he hecho muchas veces la pregunta de qué cambia y qué
permanece en el arte de dirigir a través de los tiempos o en los distintos
contextos en que se mueven las organizaciones y los grupos humanos. En ese
preguntarme ya parto del supuesto de que hay cosas que permanecen y otras que
se transforman y baso mi supuesto en la observación de un mundo que cambia, de una biología que cambia, de ritmos que
varían, de innovaciones e inventos, de conocimientos que nos transforman y también de ciclos que vuelven, de valores que
permanecen, de una esencia de lo humano que se mantiene a lo largo de los
siglos que conocemos.
No es este un artículo para inventariar esos factores
clasificadamente, sino más bien para subrayar como algo lógico el que cambien
los lenguajes y los propósitos a la hora de dirigir. He citado más de una vez
algo que me impresionó en septiembre del 2.010. En esa fecha se celebró el
Congreso Mundial de RRHH en Montreal al que asistió el psicólogo chileno
Ignacio Fernández y tuvo la ocurrencia de tuitear lo que allí sucedía. En uno
de sus tuits dio cuenta que el profesor experto en organizaciones Henry
Mintzberg dijo en su conferencia, que a pesar de lo que había mantenido en sus
numerosos escritos, al describir el mundo organizacional como un entramado de
estructuras, funciones y procesos, hoy no concebía que en el siglo 21 triunfen empresas que no
se conviertan en una comunidad. Lo releí: comunidad. Distinguí: no ha dicho secta, sino comunidad.
A finales de los años 80 leí el libro de Mintzberg “La
estructuración de las organizaciones”, en el que
hablaba de flujos de
información, descripciones de funciones y puestos, adoctrinamientos, superestructuras
y agrupaciones de unidades. Eran más de 500 páginas, pero en ninguna de ellas
recuerdo que hablase de comunidad o de algo que se le pareciese. Veinticinco años más tarde considera que ese es el factor fundamental. No pienso que es de sabios rectificar, sino que el profesor ve hoy en el escenario en el que vivimos aspectos que antes no veía.
Precisamente en estos días con un grupo de amigos coaches (entre los que
por cierto también está Ignacio Fernández) estamos hablando de qué significa
ser comunidad y esto porque queremos desarrollar una red de comunidades que conversen
y piensen sobre el mundo del que somos parte, para entenderlo mejor y ser mejores observadores de lo que acontece en él y
lo que consideramos posible. Para comenzar nuestra conversación entendimos que debiamos partir de preguntas como ¿Qué es ser Comunidad? ¿Para
qué ser comunidad? ¿Qué nos permite ser Comunidad? ¿Qué nos impide?
Sabemos que comunidad viene de comunión, de unión de lo
común, sabemos que nacemos de una comunión y de nuestra naturaleza gregaria. El
director de cine Roberto Rosellini señala que el fundamento de una sociedad es la
Ley, pero el de una comunidad es el amor. Podemos decir que si hablamos de comunidad
hablamos del amor a algo, de un amor que nos une. Podríamos empezar a distinguir
que no es por tanto por una mera conveniencia por lo que nos reunimos en comunidad, aunque alguien nos dirá que amar
y ser amados es muy conveniente o que lo que nos una sea el amor a un propósito
también es muy saludable y conveniente para el termómetro de nuestras alegrías
y nuestra satisfacción más íntima y profunda.
Empiezo así a entender a Mintzberg y la importancia que
exista un vínculo más sólido entre las personas que conformen una organización,
empiezo a entender a los líderes que construyen comunidades en las que las
personas no sigan simplemente sus propuestas por muy sugerentes que éstas sean,
sino que construyan conjuntamente una visión y la vivan como propia, porque de
esa construcción surge el auténtico compromiso.
Cuando compartimos valores y propósitos podemos dar cabida a
la diferencia a sabiendas que nos enriquecerá, que nos hará más amplios,
podemos ser flexibles sabiendo que lo importante no corre peligro y que esa
flexibilidad permitirá que lo diferente se exprese.
Y esto porque, siendo cierto que nacemos en comunidades, en
tribus o en familias, también en ese “calor” aparece en nosotros el impulso de
la individuación, de nuestro propio espacio, de la diferencia. Cuando las
comunidades eliminan lo diferente surge
la asfixia personal, cuando las sociedades promueven la competencia personal
para sobrevivir surge el anhelo de volver a la comunidad.
Tal vez por eso, en un momento en que los sistemas políticos
y sociales nos están llevando de la prevalencia de la economía de mercado al escenario
de la sociedad de mercado, como lo plantea el profesor de Harvard Michael
Sandel en su último libro “¿Qué no se puede comprar con dinero?” es que en el mundo
empieza a expresarse una indignación, una insatisfacción emergente, un semáforo
que nos alerta de que algo se está derrumbando.
Hoy cuando empezamos a darnos cuenta que el culto a los
egos, que la lógica de competir, que la idea de que todo tiene un precio se
impone, empezamos también a comprender de nuevo que algunos bienes cuando tienen precio pierden su valor. Y ese
valor nos resulta imprescindible para que la corrupción no nos arrase. Eso es
lo que empezamos a sentir cuando la justicia tiene precio, cuando la democracia
tiene precio, cuando la libertad tiene precio, cuando la dignidad tiene precio o
la compañía, la educación, la salud, los momentos de felicidad y placer.
Vuelvo entonces a mi argumento para coincidir con Mintzberg.
Dirigir organizaciones que construyan valor en el mundo en el que operan y
perduren en el tiempo requiere de la creación de un valor interno que no se
mida por el precio, por el logro a cualquier costo o porque el hombre sea un lobo para el hombre.
Requiere del sentimiento de pertenencia a una comunidad en la que podemos
expresarnos de forma diferente, ser individuos distintos y comuneros leales.
La clave parece ser compartir un sueño, construir relaciones
personales de calidad basadas en valores y afectos y situarnos en el espacio de
la abundancia. Era más fácil, profesor Mintzberg,
cuando nos organizábamos por funciones, procesos o comités a los que podíamos
ir a lucirnos, pero reconozco que el desafío me produce un confortable calor por dentro.
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