sábado, diciembre 08, 2007

El segundo Congreso chileno de coaching

Ya anuncié en otro post que estábamos preparando el Segundo Congreso de Coaching en Santiago. Se realizó en el Estadio de San Jorge los días 27 y 28 de Noviembre, con el título "Las preguntas que nos mueven" y este interrogante cartel anunciador.

Asistieron 140 personas, fluyó apaciblemente como un río tranquilo con hermosas vistas en sus riberas. Los miembros del actual directorio constituyente de la ICF capítulo chileno lo declaramos un éxito.

Buenas ponencias de Rafael Echeverría, Patricia May, Julio Olalla. Buen panel el que coordinó Eduardo Walker con Pedro Arellano, Susana Carey, León Guzmán, Luis Carrasco. No entraré, sin embargo, en el relato de lo que fue pasando o en lo que dijeron, para eso puedo aprovecharme, como otras veces, de Raúl Herrera que ya hizo su post descriptivo y minucioso. Pueden leerlo en este enlace. Mi intención es otra, quiero hablar de lo que me pasó a mi y de mi interpretación de por qué funcionó cuando no se daban condiciones especialmente favorables:
  1. Éramos un equipo con baja experiencia de trabajar juntos
  2. El Congreso se situó en un calendario recargado de encuentros de la misma comunidad a la que convocábamos
  3. No teníamos un presupuesto para lanzarlo
¿Cuál fue la clave para lograrlo?

Creo que la mas importante fue la generosidad, la disposición a no acaparar protagonismo entre nosotros, la división del trabajo de una forma natural, la mezcla de sentido de la responsabilidad y juego. Y traigo aquí estas consideraciones para llevarlas mas allá del ámbito del congreso, para poner el foco en nuestras organizaciones. ¿Qué papel juega el protagonismo? ¿Cómo se conjuga el liderazgo y el protagonismo? ¿Se puede liderar sin la búsqueda del protagonismo personal?

Sinceramente creo que no hubo agendas personales, que a diferencia de lo que pasa hoy, por ejemplo, en el Gobierno de Chile, primó el sentido de un proyecto que nos atraía profundamente sobre el legítimo deseo de figurar.

Otra clave fue externalizar la logística del Congreso, centrarnos en nuestras fortalezas y evitar la tentación del control. Yo mismo tuve que trabajar mi ansiedad al ver que no "ensayamos" la puesta en escena, como yo hubiera sugerido si hubiese sido el director del evento. Hubo una bonita entrega a un proyecto en el que creemos.

Eso me pasó con el Congreso, tuve que abandonarlo en la segunda tarde para viajar fuera de Santiago y salí de la sala con placidez y un gran afecto por mis compañeros de ruta.


Me pasó también que me tocó presentar a Rafael Echeverría y eso me llevó al día de Junio de 1993 en que lo conocí en Segovia, al recorrido del tiempo en que fui alumno, al que fui socio en Newfield Europa y colaborador de aquel Newfield en el que Rafael y Julio eran socios avenidos. Cerré capítulos que quería cerrar. Me ayudó esa declaración de Rafael sobre los principales focos "regionales" que hoy veía para la acción del coaching: la educación y la empresa.

Y es que otro día de 1.995, cuando llevé a una reunión que Verónica Virgilio tenía con él, el proyecto de un Programa dirigido a la aplicación del ACP (y las ideas que lo sustentaban) al mundo de la empresa, en el que se incluían las distinciones para entender el Sistema organizacional, donde yo podía aportar competencias, la respuesta de Rafael fue lacónica y categórica "No tengo esa conversación abierta". Yo me imaginé un mueble lleno de pequeños cajones abiertos y cerrados y la verdad es que me frustré: el que guardaba el objeto de mi deseo, estaba cerrado.

A veces los tiempos no nos acompañan, seguramente no diseñé adecuadamente aquella conversación ¿Qué no hice bien? ¿Cuánto dificultó mi propio deseo de protagonismo? Lo importante es que hace tiempo que la conversación se abrió y que yo cerré, con esta presentación presidida por el afecto, un rastro del veneno de mi ego. Asi es la vida abrir y cerrar conversaciones y sentimientos.

¿Que voy a aprender de todo esto?

domingo, noviembre 25, 2007

Hicimos un "castell". Fuimos castellers

Este fue el resultado. Ócurrió en Quilpué con la Gerencia de Operaciones y Sistemas del BancoEstado. Mas de 100 personas y la emoción de ser equipo entre nosotros, impregnada en las pañoletas blancas, en la fuerza de superar cualquier experiencia que se hubiera hecho en Chile. El objetivo era hablar de trabajo en equipo. Lo que hicimos fue mostrarlo, porque ser equipo, hoy lo sabemos con total certeza, es una emoción, relacionada con tener un proyecto común y poner en ello el coraje, la valentía, la fuerza y la persistencia para lograrlo.

Podemos tener el mejor proyecto, pero si no se comparten los valores que encarna, es difícil tener un desempeño superior. Equipos y Liderazgo son dos conceptos que se encuentran en el corazón y las mentes de las personas.

En google pueden encontrar valiosa información sobre los castells como tradición mediterránea que empezó en el antiguo reino de Valencia y que hoy tiene sus mas conocidas expresiones en Cataluña. Si pinchan el vínculo que he puesto mas arriba podrán leer lo que dice wilkipedia.

La tradición llega a Chile siguiendo un camino del que formo parte. Se remonta al Magíster de Gerencia Pública que el Gobierno alentó desde la Secretaría Ejecutiva de la Modernización del Estado en 1998, cuando Claudio Orrego ocupaba ese puesto. Aquella fue una experiencia notable en la que participaron 33 altos directivos públicos.

En ella participó Salvador García, con el que trabajaba frecuentemente entonces. Él usaba una lámina que todavía yo utilizo, con la que, desde una foto en blanco y negro de esta torre humana que son los castells, es fácil mostrar que mirándola se "ven valores" y que sólo cuando los compartimos podemos hacer grandes esfuerzos y obtener notables empresas y cuando no, las organizaciones se pierden en sus rutinas defensivas, en sus explicaciones desmotivadas, en esa apatía que hacemos creer que es realismo.

Tuve la fortuna de dirigir ese Magíster con un grupo de magníficos colaboradores (sería injusto no nombrar a Rosario por lejana que esté ahora) y en el rediseño permanente que fuimos haciendo en su transcurso, incluimos una pasantía en España. Terminamos en Barcelona, coincidiendo con las fiesta de la Merced del 24 de septiembre y de improviso en una plaza, nos esperaba la construcción de un castell. La emoción porfunda de un pueblo, de una cultura, de un desafío, de la colaboración, del esfuerzo por lograr un resultado deseado, un resultado encarnado en el alma. Vean lo que mis palabras son incapaces de transmitir. Una experiencia inolvidable

En ese grupo estaba Luis Carrasco, él se quedó tan vivamente impresionado que trajo la práctica a Chile y formó a un casteller y éste a los niños que terminan culminando la torre, los más importantes de la "colla". Son niños de Lo Prado. Niños profundos de los que podría hablar muchas páginas.

Este grupo, estos niños, Jorge "el casteller", Luis y yo mostramos con pocas palabras que trabajar en equipo es un estado de la conciencia, de una emoción por compartir. Para eso la GDOS del BancoEstado es un lugar donde lograrlo siempre es posible.

viernes, noviembre 16, 2007

Dónde encontramos la alegría



Uso en este post las fotos a las que me ha dado acceso mi alumna del Magíster y académica de la Universidad de Tarapacá Ada Rivas y aprovecho la reflexión de otro exalumno Manuel Labbé en respuesta al "arte de dirigir" en el que hablé de dirigir desde la alegría y escribí "Ando en la búsqueda de las emociones desde las que se produce el liderazgo y me inclino a pensar que dentro de ese doble par de fuerzas emocionales: rabia-miedo y alegría-tristeza, es desde la rabia justificada y desde la alegría que movemos a las personas"


Manuel me escribe: Creo que un líder debe sentir la alegría de entregar (ya que decir “formar” es muy engreído) ciertas visiones a otros que puedan ayudarles en sus propios caminos de desarrollo, sintiéndose así parte de su éxito, lo que genera más alegría en un gran círculo virtuoso. Tal vez sea interesante explorar en alguna siguiente reflexión, el cómo se genera la alegría.

En mi caso, es a través de mis stocks de alegría, es decir mis recuerdos donde he podido entregar alguna herramienta que ayuda al desarrollo de alguien
.

Deja así abierta la pregunta ¿Dónde encontramos la alegría? ¿Dónde mira ese niño aymara de la foto? ¿Qué necesita para sonreir?

Mi buen amigo José Ramón Fernández Naves en el capítulo "Geografía de las emociones" incluido en la compilación "Liderando con emoción" que editó hace unos años Soluziona, asocia la alegría con la conexión y la experiencia de plenitud.

José Ramón habla del "río de la alegría", un río místico que para mí tiene que ver con el amor y el agradecimiento. El agradecimiento de ver una flor que en sí misma es un milagro, como esa camelia del Sur de Chile que Ada fotografía capturando en ella su infancia. Esa alegría me da a mí cuando huelo jazmines y toda mi infancia en los veranos de Jumilla entra por mi nariz y me trae el compromiso con la vida. Esa alegría es la que me produce mi hija Arancha cuando me regala una vara de nardos y su aroma me conecta con la plenitud de vivir.

Sigo, Manuel, el hilo de tu pregunta con la intención que otras personas nos digan dónde encuentran la alegría. Yo cada vez estoy más cerca de la frase de Paul Valery "A menudo pienso y a menudo soy" que Anselm Grüm analiza así: "Cuando pienso sobre mi vida, me distancio de ella, me retiro de la vida. Pienso sobre la vida y sin embargo me separo de ella. Reflexiono sobre la vida, pero no la observo, no la siento. Paul Valery conoce la otra experiencia de que a veces sencillamente es (...) Cuando sencillamente soy, cuando soy puro ser, entonces vivo realmente"
Encuentro la alegría en la conexión con este momento, en el que desde luego mis recuerdos son también presente. Están aquí. Me acompañan. Son.
Como Anselm Grüm es benedictino y muy creyente no puede evitar citar a sus compañeros de fe, pero estoy muy de acuerdo cuando dice: "Juan Crisóstomo dijo que Dios dejó a los seres humanos algo del paraíso: las estrellas del cielo, las flores del campo y los ojos de los niños. Tomás de Aquino añade que Crisóstomo se olvidó de dos cosas: el vino y el queso"
¡Tienen tantos lugares donde encontrar los directivos (con quienes comparto este blog) el interruptor de su alegría! basta con salir de la obsesión de ser víctimas y mirar alrededor, al cielo, al campo, a las personas que queremos, a nuestra despensa, al privilegio de su responsabilidad

sábado, noviembre 03, 2007

¡COÑO...Estoy VIVO!


En mi Taller de "Gestión de sí mismo", incluyo una versión del ejercicio de imaginería gestáltica del que habla Stephen Covey al comienzo del capítulo donde expone su Segundo Hábito de la gente altamente efectiva: "Empiece con un fin en su mente". En el ejercicio asistimos a nuestro propio funeral. Suele ser una experiencia muy emocional y generadora de reportes poderosos y de conclusiones personales con gran potencial de covertirse en decisiones.


Ya hace más de un mes en la empresa cliente en la que desarrollé por última vez este taller se produjo una vez más este mismo efecto y en los reportes, uno de los asistentes (quiero citar su nombre, se llama Juan Colina) tomó la palabra para relatar lo que le había sucedido. Su sencillez nos conmovió a todos, expresó la intensidad de ese instante de enfrentarse con la desaparición y al darse cuenta que era simplemente una situación imaginaria, le vino la frase: ¡Coño...estoy vivo!


Le escuché y me di cuenta que, con su acento tropical y su frase simple, había resumido mejor que yo la fuerza de lo que traté que descubrieran, coño, estoy vivo, tengo el tiempo para hacer lo que tengo que hacer, lo que no puedo permitir que quede pendiente, para tener las conversacines no tenidas, para demostrar los afectos no demostrados, para cambiar aquello que no quiero que siga ocurriendo en mi vida, para ser el que quiero ser, para que no se me escape, trivial, una vida sin brillo entre los días y sus horas, para enmarcar aquello que quiero, para dejar las semillas que quiero dejar. Estoy vivo...coño.


A veces eso es todo lo que un coaching puede hacer: llevar al otro a la evidencia de que está viviendo, que vivir es un tesoro, que es siempre una oportunidad, que quien vive y dirige no puede conformarse con vegetar, que tiene ante sí las posibilidades de lograr que las cosas sucedan para sí y para su entorno y el tiempo es corto y la tarea es grande.


A veces el principal aporte del coach es que el coachee se conecte consigo mismo, que diga en su interior: ¡Coño, estoy vivo! y la vida está aquí para que yo la viva y puedo gustarme a mi mismo en el presente por la forma en que entrego, doy, me relaciono con otros. Puedo querer hoy al directivo que soy, que está siendo. Puedo dejar de pensar en quien quiero ser y vivirlo en este momento preciso, hoy que vivo.


Que el presente sea el territorio.


No escribo más, tengo que vivir esta mañana de primavera, pero si quiero decirle a mi tocayo Colina, que le doy las gracias y me estrecho en un abrazo desde Chile, porque estoy aquí presente, porque ¡Coño, coño, coño...estoy vivo!

lunes, septiembre 17, 2007

Las preguntas y su movimiento


LLeva razón Ignacio Fernández cuando, en su comment a mi entrada anterior, se refiere al coaching como el resultado de cambiar al observador que somos. Matizaría que ese es el coaching efectivo, pero podemos hablar de un proceso de coaching a aquel que trata de cambiar a ese observador siguiendo un determinado enfoque conversacional que entiende que el aprendizaje es un camino mayeútico de descubrimiento de nuevos paradigmas, aun cuando ese cambio no se produzca. Podríamos decir que fue un coaching fallido, que no obtuvo resultados, pero no me atrevería decir que no lo fue en su intención.

En cualquier caso, si empiezo dándole la razón a Ignacio, no es solo por buena crianza (siguiendo la frase tan usada en Chile) sino porque en realidad el Congreso al que aludo tiene como lema "Las preguntas que nos mueven", refiriéndose a la comunidad de coaches y es desde esta perspectiva desde la que vimos que el debate abierto por el Obispo Goic podría incluirse dentro de la categoria de coaching social, en la medida en que pretende cambiar enfoques desde los que la sociedad chilena y su gobierno contemplan la desigualdad y la brecha de pobreza, sin embargo no di todas las aclaraciones para situar adecuadamente el tema.


Hablo, entonces, de preguntas que nos cambian la vibración, que nos sacan de las respuestas automáticas, que nos impiden esas respuestas hechas que ya no abren surcos para lo nuevo. Hablo de preguntas que nos llevan a otro lugar, que encienden la luz en una habitación distinta a la que solemos estar.
En las últimas semanas he tenido varias de esas conversaciones en mi rol de coach, quiero referirme a la que tuve con "R" mientras recordábamos que cuando empezamos nuestro trabajo hace meses, se sentía cansado de ser un técnico de primera clase, así se describió él, pero con un gran abandono de sí mismo, sin vivir el presente, sin entregarse a nada.

Hemos trabajado y seguiremos trabajando con varias preguntas motoras:
  1. ¿Qué tienes que perdonarte?
  2. ¿Qué valoras en tí?

  3. ¿Qué quieres realmente construir?

  4. ¿Qué quieres recuperar para sentir el balance que te da equilibrio?

pero hay una que le dejó pensando, que le llevó a esa habitación no visitada a la que me refiero:

- ¿En qué tienes que fracasar? - le pregunté

- No te entiendo -me dijo

- Me refiero a esas situaciones que no nos gustan, que nos agobian pero que mantenemos por inercia, por cobardía, por falta de fuerza; a esas situaciones que nos lastran y que deberíamos soltar, no seguir resistiendo con explicaciones que no tienen asidero. Declarar que fracasamos en ellas puede ser un gran triunfo.


R me miró con esos brillos que ya se interpretar, tienen que ver con la sorpresa y el camino que abre, tienen que ver con movimiento.

domingo, agosto 19, 2007

Coaching a la Sociedad: el Obispo Goic

Estamos preparando el Congreso de Coaching que se celebrará en Noviembre en Santiago y con Eduardo Walker y Claudia Raffo iniciamos ya en Buenos Aires una conversación sobre coaching Societal o coaching a la sociedad, en el fondo la capacidad para situar las preguntas y los temas que suponen una mirada distinta en la sociedad en la que vivimos, para mostrar aquellos quiebres que no queremos ver o para los que tratamos de aplicar paradigmas que no se hacen cargo de nuevas posibilidades y que han demostrado su inoperancia para resolver lo no resuelto. Preguntas que no nos hacemos ¿Es esta una cualidad de los líderes?

El tema, con otros ya incorporados en la Comisión creada por la ICF Chile, va tomando forma. En la última reunión de directorio Eduardo puso un buen ejemplo: "Es lo que está haciendo el Obispo Goic con su propuesta de salario ético". Coincido con él, es indiferente el punto de vista del que partamos, para aceptar que supone un nuevo enfoque al problema de la desigualdad en un país:

que está en vías de desarrollo y cuyos sectores industriales funcionan con éxito

que tiene reservas en el extranjero para resistir cualquier crisis económica

que tiene una clase empresarial y directiva que se declara profundamente cristiana.


Inmediatamente las mentes económistas ortodoxas han salido al paso, que es una petición demagógica, que el Obispo no sabe de economía, que el mercado sabe resolver estos problemas de la forma mas eficiente, que reclamar un salario ético, implica asumir costos que producirán el desempleo de mas personas. La pregunta que lanzan es si por ser, aparentemente, mas justos con quienes tienen trabajo, se puede condenar a otros a estar sin él.

Pues no, no se puede condenar a esos otros, pero ese no es el fondo de la cuestión. Lo que Alejandro Goic plantea es una llamada a la conciencia social de si es admisible pagar sueldos de miseria mientras las empresas se enriquecen y el país acumula superavits históricos. ¿Qué vamos a hacer ante eso? ¿En qué pais queremos vivir? ¿Preferimos Estados Unidos o los paises escandinavos? Y lo importante es que su pregunta ha remecido a la sociedad y se han producido encuentros y desencuentros que no corresponden a las lógicas partidarias.

Hablamos de coaching social cuando nos damos la posibilidad de interpelar al mundo en el que vivimos, cuestionando sus reglas y si pongo el tema en estas notas de mi blog, es porque conforme la reflexión ha ido tomando cuerpo, además de alegrarme porque la Iglesia cambie su agenda y deje de estar tan preocupada por el uso de los anticonceptivos para estar mas alineada con la injusticia social, que desgarra las vidas de tantos. Además de eso, digo, me lleva al pensamiento de si quienes son dirigentes sociales pueden serlo responsablemente sin cuestionarse adonde nos conduce esta forma de vivir, que mundo estamos construyendo, si somos más felices ademas de ser mas ricos, si hay mas afecto además de mas fuerzas de seguridad, si avanza la igualdad de oportunidades además de puntear en los rankings mundiales.
Los economistas pueden no entenderlo, la senadora Mattei desde luego que no, pero cuando el Obispo responde "No soy economista pero percibo el drama de los más pobres" se refiere a algo que la mayoría vive y entiende y su voz, sin doctorados en Chicago, remueve la conciencias de muchos y la conciencia no responde al mercado, sino a las íntimas convicciones que con los días nublados se nos empañan.

Tendremos una linea congresual dedicada a este tema y deberemos pensar en nuevas preguntas para la comunidad de la que somos y pensar, también, desde qué lugar se originan para que sean legítimas. Me he anotado a esta búsqueda.



lunes, agosto 13, 2007

Corpore sano

Con Carmen Cordero se aprende que es cierta la frase "No tengo cuerpo para esto" A veces no tenemos cuerpo, porque hemos dejado que nuestra historia lo borre, que nuestra mente se haya enseñoreado de nuestro vivir y el cuerpo en el que somos sea un soporte con pocas posibilidades.

Y sin embargo aquí lo tenemos, con toda su capacidad de contenernos, de permitirnos vivir las emociones, como lo tangible que hace posible nuestra integración.

Durante estos años de coaching directivo he enviado a varios de mis coachees a que trabajaran con Carmen, siempre me lo han agradecido. Este fin de semana fui yo.

En el cuerpo no hay nada nuevo dice, lo nuevo surge en el mundo interpretativo del lenguaje. Por eso hay veces que hay que preguntarle al cuerpo ¿Qué dice? ¿Qué nos recomienda? Porque su antigüedad es sabia. La mente hace el relato que le acomoda. Termina siendo menos cierta.

Este cuerpo nuestro también vive en las organizaciones. Nos parece que no, que en esta sociedad del conocimiento el cuerpo es decoración, es la carcasa que nos lleva. Los directivos tienen cuerpo y pasan por las cuatro emociones básicas que traemos impresas biológicamente y que se expresan por conexiones sensomotoras: El miedo, la rabia, la tristeza y la alegría. Esa legitimidad hay que defenderla y mostrarla.

Un día descubrí que era imposible quedarse sólo en esa dimensión del intelecto, que era necesario identificar en qué emoción recurrente vive el cuerpo, porque sus disposiciones para la acción mas frecuentes vienen de esa emocionalidad. El mundo es distinto desde el miedo, que desde la rabia, ambas tan necesarias. Es diferente desde la tristeza, que desde la alegría, ambas tan inseparables.

Desde el coaching que se practica con el lenguaje no podemos hablar del cuerpo, hay algo que queda en la zona de sombra, que solo se puede vivir desde el amasijo de fibras. Podemos deconstruir lingüísticamente las emociones y buscar que amenaza hay detrás del miedo, que injusticia detrás de la rabia, que pérdida detrás de la tristeza, que conexión de plenitud produce la alegría, pero las emociones finalmente nos pueden llegar sin juicios, como resultado de ese devenir histórico en el que hemos "educado" a estos músculos que nos sostienen. Al final hay un aparente misterio que expresa nuestra biología como un algoritmo. Es "harina de otro costal" que nosotros no conozcamos sus variables. Carmen las explica desde la musculatura.

Escribo y escribo en mi cuaderno. Me hago preguntas. Anoto otras para algunos de los coachees que aparecen con nitidez en mi retina ¿A quién le hago estas preguntas? tal vez no haya nadie dentro de estas tapas de cartón 13x19.

El cuerpo siempre está y sin embargo buscamos en la mente aquello que no puede decirnos.