domingo, abril 20, 2008


Conozco en Maracay a Narciso Guaramato. Le llaman doctor. Y escribo de él porque siempre me conmueven las personas que persiguen sus sueños, que se obsesionan por lograrlos y ponen todo su esfuerzo en ello sin acusar a nadie de los obstáculos.

Narciso Guaramato tiene los ojos entrecerrados, el Parkinson le dificulta moverse y hablar en algunos momentos. "Me he puesto lento", dice entonces, pero pasado ese vahído pasajero vuelve a lo que quiere lograr, recupera la energía y el brío.

Me pide que resuma las impresiones de mi visita y eso hago y le digo al final: "Este es tu sueño, en él nos has comprometido, ahora tienes que despertarlo, cambiarle de estatuto y hacer que se cumpla. Es el momento de gestionar el plan". Y le brillan los ojos y de la comisura del párpado le resbala una lágrima y miro alrededor y todo su equipo está dispuesto a no dormir, a hacer lo que sea necesario. Contagiados enamoradamente de su ejemplo. Narciso Guaramoto.

Permíteme por ello este pequeño homenaje cuando he vuelto al sosiego de mi casa.

martes, abril 08, 2008

La mosca y el cambio

Parado en la parte trasera del avión Santiago-Lima ha captado mi interés una mosca que revolotea majadera, moscardonamente a mi alrededor ¿Sabe esta mosca que está viajando a Lima? Me pregunto ¿Tiene alguna conciencia que saldrá a un mundo diferente cuando se abran las compuertas o acaso esta realidad del traslado solo la vivo yo y ella saldrá al aire contaminado de Pudahuel? ¿Sabe esta mosca que ya nada será igual?

No, evidentemente es ajena a este territorio que se mueve mientras ella cree que se encuentra detenido en algún equilibrio de un universo cierto.

En muchos momentos pienso que esta es la tarea del coaching directivo: abrir los ojos y las orejas, la vista y el oido a esos cambios que pueden hacernos vivir la metáfora de la rana hervida que cuenta Peter Senge en “La quinta disciplina”. Esa agradable somnolencia, el confort envenenado ante el que hay que aprender a estar alerta.

Lo difícil de esta tarea es que muchos directivos, como la mosca creen que el mundo no cambia tanto, que el lugar no se mueve, son sólo modas, que hay que resistir hasta que las cosas vuelvan a su orden, que todos estos son discursos alarmistas. Eso dice mucha gente, por ejemplo, ante el cambio climático (enseguida llegará mi post sobre el interesante Seminario organizado por la Universidad de Santiago).

Si no aceptamos que esta cabina, aparentemente inmóvil, en realidad nos dejará en Lima, tampoco podremos conservar aquello que debe permanecer. Ese fenómeno convive junto: lo que cambia y lo que permanece y en la práctica, lo que no debería cambiar no es siempre lo que permanece. Esa es la tragedia, se nos va la dirección de las manos, nos gana el vértigo de lo inesperado. Estamos de acuerdo que deberíamos conservar lo que nos constituye en valiosos pero dónde está, dónde reside. No hacemos generalmente esa reflexión.

Me hago esa pregunta y recomiendo que la hagan ¿Qué es aquello que si perdemos nos dejara en la cuneta de este viaje inexorable? Queremos conservar nuestra posición en el mercado, nuestra imagen, queremos lograr el compromiso de las personas, la pasión que nos llevó al éxito y, sin embargo, mantenemos y repetimos las prácticas que en el mundo anterior nos fueron suficientes, como los locos repiten sus rutinas que alguna vez funcionaron, siguiendo el dictado de la memoria, cuando la memoria no sirve en lo desconocido.

Nos faltan preguntas para indagar en cuál es la dinámica de lo estático. La formulación ya nos parece imposible, una contradicción, pero lo que no se mueve en las organizaciones no se mueve por algo. Lo que resiste es funcional a algo, a unos intereses que tienen su propia dinámica. Muchas veces descubrirlo nos permite salir del espejismo de que tiene sentido lo inmóvil.

Por eso miro con agradecimiento a esta mosca y le prometo nombrarla en mi próximo taller de Gestión del Cambio y la Cultura. Lo curioso es que en un momento me ha parecido que la mosca me devolvía la mirada y entre nosotros se establecía una complicidad difícil de explicar. Por suerte no es necesario

domingo, marzo 23, 2008

La mirada en la base


Preparo una charla breve en la Cámara de Comercio Española en Chile sobre el coaching directivo. El desafío es explicar en 40 minutos qué es el coaching, cómo agrega valor al quehacer de la organización, quien es el cliente cuando quien paga es la empresa.

Tengo claro el conjunto de puntos que voy a desarrollar, pero hay conceptos de partida, algo que es previo, algunas definiciones que me hicieron quedarme en esta profesión y que al pasar los años se quedan cubiertas por el polvo de la práctica. Limpiarlo está siendo un buen ejercicio de reencantamiento.

El coaching ontológico no es simplemente una mirada, tiene su centro en la mirada. Se lo escuché por primera vez a Rafael Echeverría hace muchos años, luego leí la frase del Talmud "No vemos las cosas como son, sino como somos" Ese es también el corazón del coaching ontológico directivo: mostrar que lo que vemos en nuestra organización y su contexto no es la realidad, sino la forma particular que tenemos de observar lo que esta fuera y esa observación no es independiente de quienes somos y de cómo, en consecuencia, somos.

Abrir otras alternativas de lo que está siendo para que surja el deseo y éste se convierta en objetivo de acceder a otra manera de mirar, es el propósito. Al menos mostrar la conciencia de que estamos observando (observar al observador) y que el directivo libremente escoja si quiere quedarse donde está o moverse a otro espacio.

Aunque decida quedarse dónde está, algo habrá pasado y es que se habrá hecho responsable de aquello que es posible, por decidir lo que decidió.

Eso quería decir, que de vez en cuando hay que recordar las bases

miércoles, febrero 13, 2008

Hacer de los OBJETIVOS, COMPROMISOS


He repasado en estos días mis apuntes sobre la tarea de establecer objetivos, como uno de los aspectos fundamentales del dirigir. En las conversaciones de coaching un tema que aparece con frecuencia es la dificultad para pasar de los deseos a los objetivos.


Queremos que se hagan las cosas, pero más bien pretendemos que sucedan porque pocas veces las convertimos en auténticos objetivos y cuando se plantean como tales, menos veces es el resultado de un compromiso, siendo que los compromisos se establecen en conversaciones.

He tenido que actualizar una nota sobre el tema para uno de mis clientes y, como suele pasarme últimamente, es al tratar de explicarlo cuando yo mismo veo más claramente la luz, en este caso en forma de las preguntas que debo hacerme para mostrar que los objetivos no son meras instrucciones, se inducen para lograr el compromiso y ese compromiso sólo puede ser verdadero si se dan las condiciones para que lo sea.

1. ¿Tiene libertad para aceptar el objetivo quien debe llevarlo a cabo? Cuando el ejecutor del compromiso no puede hacer otra cosa sino aceptar, es fácil llegar a falsos acuerdos. La conversación de compromiso de objetivos se da en un contexto de liderazgo participativo y para ello es recomendable que ambas partes tengan ideas propias sobre lo que es necesario y alcanzable. Es útil pedir, por tanto, al colaborador que se plantee primero él cuáles son los objetivos que considera agregan valor a la organización, son alcanzables y de no llevarlos a cabo se estaría perdiendo un nivel de exigencia y excelencia que él como gestor y la situación merecen.

2. ¿Tiene conocimientos suficientes del contexto y el fondo de la materia quien debe asumir el objetivo? Cuando el colaborador no conoce suficientemente el área en la que se está comprometiendo puede llegar a acuerdos imposibles o con los que termine no estando de acuerdo, por ello es responsable asegurarse que dispone de la información y el conocimiento para analizar la situación.

3. ¿Se cumplen las condiciones canónicas de un compromiso? Es decir que:

a. Se establece claramente el qué lograr

b. Se cuantifica ese qué

c. Se plantean plazos

d. Están claros los niveles de responsabilidad

e. Es explícito con quienes hay que llegar a acuerdos

f. Se conocen las condiciones de satisfacción específicas de lo que se considere logro efectivo.

4. ¿Por qué habría de hacer ese esfuerzo? ¿Qué gana con ello? ¿Cómo le afectaría si no lo logra? Los objetivos deben tener sentido para quien tiene que cumplirlos, de lo contrario pretendemos que alguien ponga todo su esfuerzo en algo que sólo es importante para quien lo plantea, que ni le va ni le viene a quien lo ha de cumplir. Un objetivo es, al cabo, un camino que queremos seguir porque nos lleva a un lugar al que deseamos sinceramente llegar. En esos casos la disposición se alía a la voluntad, con la intensidad que los compromisos requieren.

domingo, febrero 03, 2008

Coaching en sala: de la prevención a la objeción


No siempre sabemos por qué, pero con frecuencia algo que vemos funcionar, que incluso nos atrae, nos parece sospechoso. Eso me pasó la primera vez que asistí en 1993 a un coaching público, eso que llamamos en el entorno en que trabajo: “coaching en sala”. Me sorprendió, me quedé revuelto en una maraña de conversaciones interiores.

Reconocí la maestría excepcional de Julio Olalla, fui testigo del agradecimiento sincero del coachee, pero anidó dentro de mí una sensación de espacio transgredido.

Con el tiempo he presenciado muchos momentos así. He aprendido a distinguir aquellos que están orientados por el cuidado y el respeto, como es el caso que cito (yo mismo en mis inicios de coach y relator de talleres de coaching he seguido esta línea) de los que creen que hay que vulnerar a las personas para que emerjan de sus cenizas y hacen del quiebre declarado un ejercicio circense (me refiero al circo romano) de prevalencia de la propia personalidad e inteligencia. No puedo dejar de recordar mi indignación en las dos ocasiones que he visto a Fernando Flores (actual senador de la República) en sus actuaciones de emperador omnipotente. En las dos me he salido de la sala, en ninguna de ellas podía declarar mis opiniones públicamente sin dañar los intereses de mi cliente, que era quien lo contrataba. En las dos preferí aplicar el “ojos que no ven, corazón que no siente” (aunque sintió y no lo olvida, como aprendizaje de lo que debo/debe evitar).

En un caso se parte por pedir permiso, por cuidar el ambiente, por asegurar que hay ayudas disponibles, por el uso de un lenguaje que no haga daño siendo asertivo (“la gentil irreverencia”). En el otro, se busca el resultado aunque salpique la sangre, se aplica “el fin justifica los medios”.

¿Qué fines? ¿El éxito del coach? ¿Quién se hacía cargo de los ridiculizados, de los desarmados en público cuando esto ocurría en un auditorio de 2000 personas, como el que organizó Sercotec en el auditorium del Diego Portales para los pequeños empresarios?

Obviamente no escribo estas líneas para establecer una diferencia que es conocida en nuestra comunidad de coaches, sino para decir que con el tiempo la prevención se ha convertido en objeción, incluso cuando se practica con pleno acuerdo del coachee y con el conjunto de resguardos de las escuelas mas respetuosas, incluso cuando el relator es alguien de gran dominio y maestría.

Cuanto mejor llevado sea el coaching, mas alta es la probabilidad que la conversación que ocurre entre coach-relator y coachee-asistente vaya penetrando las emociones del resto de la sala, generando coincidencias, revelando que nada de lo humano nos es ajeno, que en cada historia hay una parte de la nuestra.

Nos sorprende sentir que nuestras vidas tienen capítulos de otras, que no somos únicos en nuestros sentimientos, miedos, dolores, anhelos, que vivimos alegrías y angustias comunes. De esa forma la supuesta conversación de dos es una conversación de muchos en la que la mayoría no habla, no dice, escucha y siente, es tocado por la interpretación que no había visto. Una conversación en la que algunos de los supuestos observadores pueden estar viviendo un profundo proceso interior en un silencio inobservado, del que nadie se hace cargo. Al menos en ese momento.

Es esa exposición gratuita, sobre la que no tenemos control la que me lleva a objetar aquello que en privado encuentro un excelente camino de reinterpretación de situaciones y develado de nuevas acciones y caminos.

Reconozco el poder demostrativo de la práctica, pero renuncio a practicarla y hoy, cuando escribo esto, después de muchas conversaciones al respecto, recuerdo una de hace varios años con Marcia Tolosa que fue especialmente clara, cuando escribo este post, digo, no comparto que se haga por un argumento que calificaría de ecológico, de protección al sistema, a ese bosque que escucha con sus hojas y sus ojos abiertos y absorbentes. Abro el debate.

domingo, diciembre 23, 2007

Y si al mirar hay un rastro de tu sueño...



Las últimas conversaciones de coaching del año, tienen ese tono de balance, de término, de posibilidad de no seguir. Hago cuentas y en este momento tengo 14 coachees activos. Me había dicho a mí mismo que no trabajaría con mas de 10, pero algunos se resisten. Dos de ellos son a la distancia, el chat, skype, el mail son las nuevas formas de que hablemos y nos veamos. Doce se sientan frente a frente, ante mí, nos conocemos, les pregunto y me preguntan, compartimos palabras, emociones, sentimientos.

Es una profesión hermosa esta. Acostumbro a que la última sesión del contrato o la última del año cuando Diciembre nos cae enmedio, sea para que el coachee se pregunte ¿Qué he aprendido en este proceso? ¿Qué es lo que hago hoy que antes no hacía? ¿Qué siento que no sentía? Y hago enfasis en que se den cuenta que aprendemos sintiendo.

Por mi parte les cuento aquello que sigo teniendo en mi punto de mira, la inquietud que sigue encendida, sin embargo, o mejor dicho: además, en estas últimas conversaciones de Diciembre 2007 me ha aparecido la pregunta de ¿Cuantos sueños de tu juventud siguen estando presentes en tu vida de hoy?

Ha dado lugar a hermosas conversaciones. Algunas veces nos damos cuenta que abdicamos de nuestros sueños mas hermosos, que quedaron atrás como un discurso vivido, que ya no están aqui entre los espacios de las agendas del presente, que nos rendimos o que dejaron de ser sueños, caballos que tiraban del coche de nuestro cuerpo y nuestra mente, como lo diría Jorge Bucay.

Otras veces descubrimos, que debajo de resmas de papel, con una pátina de polvo están ahí, o no, están vivos, brillantes, manteniendo su dorado reclamo sobre el trajín de los días que vivimos. ¡Da una alegría descubrirlo!

¿Siguen ahí tus sueños? ¿Despiertos, vivos, como caballos briosos de la vida?

Por respeto a nosotros mismos debemos atenderlos.

sábado, diciembre 08, 2007

El segundo Congreso chileno de coaching

Ya anuncié en otro post que estábamos preparando el Segundo Congreso de Coaching en Santiago. Se realizó en el Estadio de San Jorge los días 27 y 28 de Noviembre, con el título "Las preguntas que nos mueven" y este interrogante cartel anunciador.

Asistieron 140 personas, fluyó apaciblemente como un río tranquilo con hermosas vistas en sus riberas. Los miembros del actual directorio constituyente de la ICF capítulo chileno lo declaramos un éxito.

Buenas ponencias de Rafael Echeverría, Patricia May, Julio Olalla. Buen panel el que coordinó Eduardo Walker con Pedro Arellano, Susana Carey, León Guzmán, Luis Carrasco. No entraré, sin embargo, en el relato de lo que fue pasando o en lo que dijeron, para eso puedo aprovecharme, como otras veces, de Raúl Herrera que ya hizo su post descriptivo y minucioso. Pueden leerlo en este enlace. Mi intención es otra, quiero hablar de lo que me pasó a mi y de mi interpretación de por qué funcionó cuando no se daban condiciones especialmente favorables:
  1. Éramos un equipo con baja experiencia de trabajar juntos
  2. El Congreso se situó en un calendario recargado de encuentros de la misma comunidad a la que convocábamos
  3. No teníamos un presupuesto para lanzarlo
¿Cuál fue la clave para lograrlo?

Creo que la mas importante fue la generosidad, la disposición a no acaparar protagonismo entre nosotros, la división del trabajo de una forma natural, la mezcla de sentido de la responsabilidad y juego. Y traigo aquí estas consideraciones para llevarlas mas allá del ámbito del congreso, para poner el foco en nuestras organizaciones. ¿Qué papel juega el protagonismo? ¿Cómo se conjuga el liderazgo y el protagonismo? ¿Se puede liderar sin la búsqueda del protagonismo personal?

Sinceramente creo que no hubo agendas personales, que a diferencia de lo que pasa hoy, por ejemplo, en el Gobierno de Chile, primó el sentido de un proyecto que nos atraía profundamente sobre el legítimo deseo de figurar.

Otra clave fue externalizar la logística del Congreso, centrarnos en nuestras fortalezas y evitar la tentación del control. Yo mismo tuve que trabajar mi ansiedad al ver que no "ensayamos" la puesta en escena, como yo hubiera sugerido si hubiese sido el director del evento. Hubo una bonita entrega a un proyecto en el que creemos.

Eso me pasó con el Congreso, tuve que abandonarlo en la segunda tarde para viajar fuera de Santiago y salí de la sala con placidez y un gran afecto por mis compañeros de ruta.


Me pasó también que me tocó presentar a Rafael Echeverría y eso me llevó al día de Junio de 1993 en que lo conocí en Segovia, al recorrido del tiempo en que fui alumno, al que fui socio en Newfield Europa y colaborador de aquel Newfield en el que Rafael y Julio eran socios avenidos. Cerré capítulos que quería cerrar. Me ayudó esa declaración de Rafael sobre los principales focos "regionales" que hoy veía para la acción del coaching: la educación y la empresa.

Y es que otro día de 1.995, cuando llevé a una reunión que Verónica Virgilio tenía con él, el proyecto de un Programa dirigido a la aplicación del ACP (y las ideas que lo sustentaban) al mundo de la empresa, en el que se incluían las distinciones para entender el Sistema organizacional, donde yo podía aportar competencias, la respuesta de Rafael fue lacónica y categórica "No tengo esa conversación abierta". Yo me imaginé un mueble lleno de pequeños cajones abiertos y cerrados y la verdad es que me frustré: el que guardaba el objeto de mi deseo, estaba cerrado.

A veces los tiempos no nos acompañan, seguramente no diseñé adecuadamente aquella conversación ¿Qué no hice bien? ¿Cuánto dificultó mi propio deseo de protagonismo? Lo importante es que hace tiempo que la conversación se abrió y que yo cerré, con esta presentación presidida por el afecto, un rastro del veneno de mi ego. Asi es la vida abrir y cerrar conversaciones y sentimientos.

¿Que voy a aprender de todo esto?